‘Tom Clancy’s Jack Ryan: Ghost War’ (2025), devuelve al célebre analista de la CIA a la primera línea con una producción norteamericana de Amazon MGM Studios en colaboración con Paramount. Nuevamente una intriga compleja en sus primeros compases para alumbrar una trama que se juega su destino entre la nostalgia y la ortodoxia del thriller geopolítico. Dirigida por Andrew Bernstein, fogueado en las series de TV y responsable de algunos capítulos de la serie televisiva sobre este personaje, y escrita por Aaron Rabin junto a John Krasinski -actor para la serie de la pequeña pantalla- a partir de los personajes creados por Tom Clancy, la película se instala sin complejos en un canon conservador del género: eficacia, ritmo constante, héroes curtidos y la pregunta de siempre: “¿en quién confiar cuando todos hablan el mismo idioma de medias verdades?”. Un interrogante que circula y se expresa cuando la acción llega a su momento culminante y decisivo.

El planteamiento recoge el testigo de la serie televisiva: Jack Ryan (John Krasinski), ya fuera de la CIA y volcado en el mundo financiero, es reclamado por su viejo mentor James Greer (Wendell Pierce) para una misión supuestamente sencilla en Dubái. Lo que arranca como un trámite —recoger un paquete con la ayuda del siempre operativo Mike November (Michael Kelly)— se precipita hacia una trama mayor: un archivo con información altamente sensible, un intermediario del MI6 llamado Nigel y una red clandestina de operaciones negras que opera con ventaja porque conoce cada movimiento del enemigo. La aparición de Emma Marlow (Sienna Miller), una agente británica precisa y glacial, anuda el puente con Londres, donde la intriga se enmaraña entre despachos, pasillos y lealtades cambiantes del servicio secreto británico.

Bernstein apuesta por un minimalismo de arranque que sorprende para un título de este perfil: un asalto nocturno a un edificio en construcción en Dubái, dos hackers, un servidor aislado y una descarga contrarreloj. El set piece es breve, limpio, casi aséptico, y funciona como proemio de una película que dosifica su músculo hasta el segundo acto. Esa economía de medios, sin embargo, tiene doble filo: el espectador menos atento puede naufragar en un primer tercio alambicado, saturado de nombres en clave, siglas y jerarquías de agencias que exigen mapa mental. ‘Ghost War’ habla el dialecto del espionaje con fluidez, pero a veces olvida subtitular sus matices.

Cuando la acción se desplaza a Londres, la película encuentra su columna vertebral: el MI6 entra en juego, la directora de la CIA sufre un atentado que recoloca a Greer en el timón y el guion enseña sus cartas. El supuesto golpe contra el Tower Bridge no es más que una maniobra de distracción; el verdadero botín es ese archivo que desvela topos y colaboradores incrustados en los principales servicios de inteligencia. La idea es clásica y efectiva: provocar el caos para proteger la identidad de una red que vive de la oscuridad. En paralelo, Jack Ryan, el civil que volvió a las finanzas, se ve empujado otra vez al barro, obligado a conjugar su olfato de analista con un pulso operativo que nunca perdió del todo.

El tercer acto regresa a Dubái para desplegar, ahora sí, la pirotecnia que se había reservado: una secuencia de asalto extendida, coreografiada con claridad, que alterna la infiltración de Ryan y Marlowe en interiores con el cerco exterior liderado por Greer. Es aquí donde Bernstein demuestra su oficio funcional: los ejes están bien marcados, la geografía de la acción es comprensible y el montaje sostiene la tensión sin barroquismos. No hay hallazgos visuales ni set pieces destinados a la posteridad, pero tampoco hay confusión. La película cumple su promesa de entretenimiento con solvencia, aunque rara vez se permite el riesgo.

En el terreno interpretativo, John Krasinski consolida su encarnación de Ryan como hombre-ponte entre la mesa de análisis y el terreno: creíble en el tablero político, sobrio en la acción. Su Ryan habla poco, observa, pondera y decide; es menos carismático que otros Jack Ryan de la gran pantalla, pero transmite fiabilidad. Wendell Pierce aporta gravedad y humanidad a Greer, un ancla moral que dota de contexto a la misión cuando el guion se acelera. Michael Kelly, por su parte, mantiene la vena pragmática y punzante de November, válvula de escape en momentos de presión. Sienna Miller compone a Emma Marlowe como contrapunto británico: afilada, profesional, de emociones escasas a la vista. Su química con Krasinski es más operacional que romántica, un acierto que evita subtramas innecesarias.

El libreto recoge la ética clancyana con trazo firme: el precio de la seguridad, las zonas grises del poder y la falibilidad de las instituciones. La película incluso subraya esa filosofía con una carta en off, un recordatorio de misión y de ideales nacionales que funciona como epílogo temático. Es, quizá, la zona más discutible del conjunto: Ghost War reafirma el imaginario del justificador necesario —hacer “lo que haga falta” para preservar el orden— sin interrogarlo con demasiada profundidad. Quien busque un replanteamiento del género o una lectura crítica de las operaciones negras no lo encontrará aquí.

En términos de puesta en escena, se agradecen la limpieza visual, la fotografía que distingue con criterio Dubái y Londres y un diseño sonoro preciso en los estallidos y silencios de la infiltración. La partitura acompaña sin invadir. Donde sí se echa en falta un pulso más autoral es en la dirección de actores en los intersticios: algunos pasajes expositivos se sienten mecánicos, recitados con premura para empujar la trama al siguiente umbral.

‘Ghost War’, en suma, es un thriller de acción competente que confirma tanto las virtudes como los límites de este Jack Ryan de Krasinski: músculo medido, ritmo sostenido, profesionalidad industrial y un conservadurismo narrativo que rara vez sorprende. Cuando la película se ciñe a su esqueleto —misión, contraataque, cacería y extracción— funciona como un reloj bien engrasado. Pero cuando amaga con ideas mayores —la confianza, la penetración sistémica de los servicios, la frontera ética del “lo que sea necesario”— prefiere sugerir antes que explorar. Para el aficionado al espionaje clásico, hay suficiente tensión, geografía clara de la acción y artesanía sin estridencias. Para quien espere un salto cualitativo o un replanteamiento del mito, la sensación será de seguridad… tal vez excesiva.

Reseña de José Manuel León Meliá

 

Tom Clancy's Jack Ryan: Ghost War (2026)
Tom Clancy's Jack Ryan: Ghost War poster Rating: N/A/10 (N/A votes)
Director: Andrew Bernstein
Writer: Aaron Rabin, John Krasinski, Noah Oppenheim
Stars: John Krasinski, Wendell Pierce, Sienna Miller
Runtime: 105 min
Rated: R
Genre: Action, Drama, Thriller
Released: 20 May 2026
Plot: Follows Jack Ryan who reunites with CIA operatives to navigate a treacherous web of betrayal against an enemy who knows their every move, facing a past they thought was long put to rest.
Calificación: