Hay directoras a las que uno les guarda una pequeña deuda sentimental. Anne Émond es uno de esos casos. Todavía conservo un recuerdo bastante estimulante de Nelly (2016), aquella película inspirada en hechos reales sobre una escritora cuya vida escandalizó a la zona francófona canadiense porque dejó unas cuantas pistas, nada discretas precisamente, sobre su pasado como prostituta de lujo. Era una película incómoda, atrevida, con personalidad y con esa rara virtud de dejar poso ...