
Con Una segunda vida (2025), el cineasta francés Laurent Slama utiliza su nombre verdadero para firmar este trabajo. Antes, con el pseudónimo de Elisabeth Vogler había rodado dos largometrajes que no he tenido ocasión de ver. Ahora, gracias al festival Atlántida, que se puede seguir en la plataforma Filmin, con muy buen material para descubrir, me quedo sorprendido por el minimalismo formal de Slama aplicado en su tercera pieza.
Slama acomete una de esas obras pequeñas en apariencia, de apenas 80 minutos, pero de una honestidad emocional que acaba dejando una huella profunda. Demuestra un oficio sorprendentemente sólido y una puesta en escena sobria, sin artificios, consciente en todo momento de la historia que quiere contar. Da la impresión de que habla de un universo que conoce bien, donde las emociones cotidianas y las heridas invisibles pesan más que cualquier gran giro dramático.
La protagonista, Elisabeth Vogler (curiosamente le proporciona a su atormentado personaje el pseudónimo que él empleaba), interpretada con enorme sensibilidad por Agathe Rousselle, es un personaje tan áspero como fascinante. Al principio cuesta acercarse a ella: vive frustrada, desencantada y atrapada en un trabajo que consiste en gestionar alojamientos turísticos de corta estancia en un París que se prepara para los Juegos Olímpicos de 2024. Mientras la ciudad celebra una época de bonanza económica y la empresa solo piensa en conseguir reseñas de cinco estrellas a cualquier precio, Elisabeth arrastra un conflicto mucho más íntimo. Una enfermedad ha reducido su capacidad auditiva y esa pérdida parece haber erosionado también su manera de relacionarse con el mundo.
Slama dirige con enorme delicadeza a su actriz. El dolor, la rabia contenida y la sinceridad del personaje afloran sin necesidad de subrayados. Elisabeth es alguien que simplemente intenta sobrevivir a un día especialmente adverso: debe afrontar la renovación de su contrato, resolver la revisión de su visado como ciudadana estadounidense y apagar los constantes incendios que provoca un trabajo donde el cliente siempre tiene razón, incluso cuando sus quejas rozan el absurdo. Una de las escenas más elocuentes llega cuando un huésped denuncia una supuesta plaga de chinches que termina siendo fruto de su propia neurosis, una secuencia que retrata con ironía la absurda tiranía de la satisfacción permanente.
La película cambia de tono con la aparición de Elijah (Alex Lawther), un joven motivador de carácter luminoso, pelo teñido de rosa y optimismo inquebrantable. Especialista en hipnosis, Elijah representa justo lo contrario que Elisabeth: la capacidad de detenerse, respirar y mirar el mundo desde otro lugar. Su relación nunca cae en el sentimentalismo fácil. Más bien funciona como el encuentro entre dos formas opuestas de afrontar la vida, y es precisamente esa diferencia la que permite que Elisabeth inicie un lento proceso de reconstrucción.
Uno de los momentos más inspirados del filme llega durante una sesión de hipnosis. Mientras Elijah guía a Elizabeth hacia un estado de calma, el montaje intercala imágenes de agua, flores y naturaleza que desprenden una serenidad casi hipnótica. Más adelante, el relato encuentra un hermoso eco en un cuadro de Monet y en la explicación, a través de una audioguía, de cómo el pintor realizó sus célebres nenúfares mientras sufría cataratas, recurriendo a la memoria de los colores que ya apenas podía distinguir. La metáfora resulta evidente, pero también profundamente conmovedora: incluso cuando la percepción falla, todavía es posible reconstruir la belleza.
Visualmente, ‘Una segunda vida’ desprende una luz extraordinaria. París aparece capturada con una mezcla de naturalismo y lirismo que convierte cualquier calle, puente o atardecer en un escenario lleno de vida. La cámara de Slama se mueve a menudo con un aire casi documental, integrando el bullicio previo a los Juegos Olímpicos sin perder nunca de vista la intimidad de sus personajes.
Más que una película sobre las Olimpiadas, ‘Una segunda vida’ es una radiografía de un ser humano roto que encuentra, casi sin buscarlo, la posibilidad de recomponerse. Habla de las segundas oportunidades, de la empatía, del peso de las pequeñas derrotas cotidianas y de la importancia de cruzarse con alguien capaz de recordarnos quiénes éramos antes del dolor.
Laurent Slama debuta con su propio nombre con una obra radiante, delicada y profundamente humana. Un drama realista que parece de corto alcance pero respira una serenidad contagiosa y autenticidad en cada plano y confirma la llegada de una cineasta con una mirada propia. Una película hermosa, sincera y absolutamente recomendable. Me ha gustado porque no pretende imponer nada arbitrario sino que la narración fluye al ritmo de la calle, con su estrés, y esa zona de hipnosis que me recordaba, salvando las distancias, al cine de Woody Allen
Reseña de José Manuel León Meliá

| A Second Life (2025) | |
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Rating: N/A/10 (N/A votes) Director: Laurent Slama Writer: Thomas Keumurian, Laurent Slama Stars: Alex Lawther, Agathe Rousselle, Jonas Bachan Runtime: 77 min Rated: N/A Genre: Drama Released: 06 Jun 2025 |
| Plot: During the Olympic Games, an unexpected bond forms between a hearing-impaired American and a free-spirited wanderer in the vibrant streets of Paris. | |







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