Con ‘La condición’ (2025), el cineasta francés Jérôme Bonnell regresa a uno de los territorios que mejor conoce: el de las relaciones sentimentales, los afectos complejos y las tensiones emocionales que surgen cuando los vínculos humanos desafían las convenciones sociales. Quienes hayan disfrutado de títulos como ‘Las cartas de amor no existen’ (2021) o El tiempo de los amantes (2013) reconocerán de inmediato algunas de las constantes temáticas de su filmografía, aunque en esta ocasión el director desplaza su mirada hacia una historia de amor femenina situada en un contexto histórico marcado por la rigidez moral y la desigualdad de género.

La acción arranca en abril de 1908 y se desarrolla casi íntegramente en el interior de una espaciosa casa burguesa. Bonnell apuesta por una puesta en escena contenida y teatral, donde los escasos exteriores ceden protagonismo a las habitaciones, los pasillos y los silencios de una vivienda que acaba convirtiéndose en el escenario de una auténtica transformación emocional.

André, un notario acomodado interpretado por Swan Arlaud, está casado con Victoria (Louise Chevillotte), una mujer mucho más joven que él. La aparente tranquilidad del matrimonio se ve alterada por el embarazo de Céleste, la criada de la casa, encarnada por una extraordinaria Galatéa Bellugi. La joven ha quedado embarazada tras mantener relaciones con André, una circunstancia que amenaza con provocar un escándalo en una sociedad obsesionada con las apariencias.

Cuando Victoria intenta resolver el problema recurriendo a un aborto clandestino, descubre que el embarazo está demasiado avanzado para llevarlo a cabo. A partir de ese momento impone una condición que da título a la película: asumirá públicamente la maternidad del futuro niño, pero André tendrá prohibido acceder a su habitación. Esta decisión altera por completo el equilibrio de poder dentro del hogar y desencadena una evolución inesperada de los personajes.

Lo más interesante de ‘La condición’ no reside tanto en la trama como en las relaciones que se construyen a partir de ella. Mientras André acepta inicialmente la situación desde la culpa y la resignación, Victoria y Céleste desarrollan una intimidad creciente. Bonnell filma esa aproximación con notable delicadeza, apoyándose más en las miradas, los gestos y las pequeñas atenciones cotidianas que en las declaraciones explícitas. Poco a poco surge entre ambas mujeres una conexión emocional que termina adquiriendo una dimensión romántica.

La película puede interpretarse como una crítica al orden patriarcal tradicional. André representa una masculinidad privilegiada que durante años ha ejercido su autoridad sin cuestionamientos, mientras que la alianza entre Victoria y Céleste constituye una forma de resistencia frente a ese modelo. El relato plantea así una inversión de jerarquías en la que el hombre pierde progresivamente su centralidad y son las mujeres quienes toman las decisiones fundamentales sobre sus vidas y su futuro.

Especialmente interesante resulta la presencia de la madre de André, interpretada por Emmanuelle Devos. Víctima de un ictus que le ha dejado parcialmente paralizada, se comunica mediante una pizarra. Desde esa aparente fragilidad emerge uno de los personajes más lúcidos del filme. Su memorable frase, “puedo estar muda, pero no soy tonta”, resume perfectamente su función como observadora privilegiada de una farsa familiar que nadie logra ocultarle.

Desde el punto de vista formal, Bonnell apuesta por la sobriedad. No hay grandes alardes visuales ni innovaciones narrativas destacables. La realización es elegante y eficaz, sostenida por una cuidada dirección artística que recrea con credibilidad la Francia de comienzos del siglo XX. Como suele ocurrir en buena parte del cine francés contemporáneo de época, la producción destaca por su solidez y por la atención al detalle en decorados, vestuario y ambientación.

Sin embargo, donde verdaderamente encuentra su fuerza la película es en el trabajo de los intérpretes. Louise Chevillotte construye una Victoria compleja, atrapada entre las convenciones sociales y sus propios deseos, mientras que Galatéa Bellugi aporta sensibilidad y profundidad a un personaje que podría haber quedado reducido a un simple papel secundario. Swan Arlaud, por su parte, encarna con solvencia a un hombre que contempla cómo el mundo que siempre había dado por sentado comienza a desmoronarse.

‘La condición’ se inscribe claramente en una corriente del cine contemporáneo interesada en revisar las estructuras tradicionales de poder y en explorar nuevas formas de afectividad. Algunos espectadores verán en ella una lectura actualizada de los conflictos de género; otros, una reflexión sobre la libertad individual y la capacidad del amor para surgir allí donde las normas sociales lo consideran imposible.

Sin alcanzar la intensidad emocional de las mejores obras de Bonnell, la película resulta un trabajo correcto, bien interpretado y coherente con las inquietudes de su autor. Un drama íntimo que utiliza el pasado para dialogar con sensibilidades muy presentes en nuestro tiempo y que plantea, sin estridencias, una pregunta sobre la que merece la pena reflexionar: quién decide realmente las condiciones de la felicidad.

Reseña de José Manuel León Meliá

 

La condition (2025)
La condition poster Rating: N/A/10 (N/A votes)
Director: Jérôme Bonnell
Writer: Jérôme Bonnell, Léonor de Récondo
Stars: Swann Arlaud, Emmanuelle Devos, Louise Chevillotte
Runtime: N/A
Rated: N/A
Genre: N/A
Released: 03 Dec 2025
Plot: N/A
Calificación: