
No sé si será el último viaje del autor Yoji Yamada pero hay cineastas cuya obra parece resistirse al paso del tiempo. No solo porque sus películas envejezcan con dignidad, sino porque ellos mismos continúan encontrando razones para seguir filmando. Es el caso del veterano director japonés Yoji Yamada, que a sus 95 años vuelve a demostrar una admirable vitalidad creativa con ‘Un taxi en Tokio’ (2025), una película pequeña en apariencia, pero de una enorme sensibilidad humana. Aunque parte del argumento de una producción francesa, Yamada hace plenamente suyo el relato gracias a esa mirada pausada, delicada y profundamente japonesa que ha caracterizado toda su filmografía.
La historia se desarrolla casi íntegramente en Tokio, una ciudad que aquí no funciona únicamente como escenario, sino como un personaje más. Yamada retrata la inmensidad de la capital japonesa con una mezcla de modernidad y melancolía, deteniéndose en algunas de sus localizaciones más emblemáticas sin caer nunca en el exhibicionismo turístico. Es un Tokio vivido, recorrido y recordado; una ciudad que conserva las huellas de quienes la han habitado durante décadas.
El punto de partida es tan sencillo como eficaz. Takano Sumire (Chieko Baishu), una anciana de 85 años, decide realizar un último recorrido por la ciudad antes de ingresar definitivamente en una residencia de mayores. Quiere despedirse de los lugares que marcaron su existencia antes de afrontar la que será, probablemente, la última etapa de su vida. Ese viaje adquiere así un evidente valor simbólico: no es únicamente un desplazamiento físico, sino un recorrido emocional por una vida llena de luces y sombras.
Al volante del taxi se encuentra Koji (Takuya Kimura), un conductor que trabaja en el turno de noche y que atraviesa una delicada situación económica. Desde las primeras escenas Yamada dibuja con precisión el carácter metódico del personaje: al regresar a casa de madrugada anota cuidadosamente ingresos, gastos y beneficios, consciente de que cada yen cuenta. La conversación con su esposa al día siguiente termina de perfilar un panorama familiar marcado por las estrecheces económicas. El alquiler pesa sobre la economía doméstica y, sobre todo, preocupa el futuro de su única hija, una joven clarinetista con un prometedor talento musical cuyo acceso a una escuela privada exige un esfuerzo económico casi inasumible.
La familia se resiste a romper el sueño de la muchacha, aunque ello suponga recurrir a nuevos préstamos familiares. Es un conflicto cotidiano que Yamada expone con enorme naturalidad y que conecta inmediatamente con el espectador.
Será precisamente un compañero de trabajo quien ofrezca a Koji un servicio especial: un trayecto largo cuyo destino desconoce. Al recoger a la pasajera descubre a una mujer de fuerte personalidad, aparentemente arisca, exigente y poco dispuesta a facilitar la convivencia durante el viaje. Sin embargo, pronto será ella quien rompa el hielo reprochándole su excesiva frialdad. Si trabaja de cara al público —le recuerda— debería mostrarse más amable, más atento y más empático con quienes confían en él.
Ese pequeño choque inicial constituye el verdadero punto de partida de una road movie muy particular. El taxi avanza por las calles de Tokio mientras ambos personajes comienzan un lento proceso de acercamiento. Los silencios, las conversaciones y las miradas terminan construyendo una complicidad inesperada entre dos personas que pertenecen a generaciones distintas, pero que comparten una misma sensación de desgaste vital.
La memoria ocupa entonces el centro del relato. A través de diversos flashbacks, Takano Sumire revive episodios fundamentales de su pasado: el descubrimiento del primer amor, envuelto en una puesta en escena de tono nostálgico; las consecuencias sociales derivadas del final de la Segunda Guerra Mundial, con la repatriación de ciudadanos coreanos y las heridas aún abiertas del conflicto; y, sobre todo, el episodio más duro de su existencia.
La película adquiere entonces una intensidad dramática inesperada. Sumire confiesa que soportó durante años un matrimonio marcado por el abuso, el maltrato y la humillación constante. Finalmente, incapaz de soportar más violencia, tomó una decisión extrema: arrojó aceite hirviendo sobre su marido mientras dormía, causándole graves lesiones. Fue juzgada y condenada a nueve años de prisión. Lejos de buscar el sensacionalismo, Yamada presenta este episodio con enorme sobriedad, invitando al espectador a reflexionar sobre las complejidades morales de una vida marcada por el sufrimiento.
A medida que avanza el trayecto, la relación entre ambos protagonistas evoluciona hacia una amistad sincera. El director encuentra en los primeros planos y en la contención interpretativa la mejor herramienta para transmitir emociones. No hacen falta grandes discursos: bastan las miradas, las pausas y las pequeñas confidencias para que el vínculo resulte completamente creíble.
Cuando finalmente llegan al destino, Sumire incluso propone prolongar el viaje pasando la noche en un hotel cercano. No existe intención romántica alguna, sino el deseo de aplazar el inevitable regreso a la realidad y conservar durante unas horas más esa inesperada felicidad nacida del encuentro con un desconocido. Sin embargo, Koji decide cumplir con el encargo y la acompaña hasta la residencia.
Días después, cuando acude junto a su esposa para cobrar el servicio, descubre que la anciana ha fallecido. El desenlace, aunque previsible, resulta profundamente conmovedor. Como último gesto de gratitud, Takano Sumire ha decidido legar sus ahorros a la familia del taxista, permitiendo que la hija pueda continuar sus estudios musicales y ofreciendo un inesperado respiro económico a quienes tanto habían luchado por salir adelante.
Con ‘Un taxi en Tokio’, Yoji Yamada firma una obra de apariencia modesta pero de extraordinaria calidez humana. Es una película sobre la memoria, el perdón, la empatía y la capacidad que tienen los encuentros fortuitos para transformar la vida de las personas. Sin necesidad de grandes artificios narrativos, el director construye un relato íntimo y profundamente emotivo, sostenido por la magnífica química entre sus dos protagonistas.
No sabemos si esta será la última película de un cineasta cuya trayectoria constituye uno de los grandes patrimonios del cine japonés contemporáneo. Pero, si así fuera, Yamada habría encontrado una hermosa manera de despedirse: con una historia sencilla, llena de humanidad, contada con la serenidad y el afecto de quien ha dedicado toda una vida a observar con infinita ternura el corazón de sus personajes.
Reseña de José Manuel León Meliá

| Tokyo Taxi (2025) | |
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Rating: 7.3/10 (172 votes) Director: Yôji Yamada Writer: Yûzô Asahara, Yôji Yamada Stars: Chieko Baishô, Takuya Kimura, Lee Jun-young Runtime: 103 min Rated: N/A Genre: Drama Released: 21 Nov 2025 |
| Plot: Japanese drama about a taxi driver and an 85-year-old woman on a day-long journey through Tokyo that changes their lives as she tells him about her past. This is a remake of the 2022 French film "Driving Madeleine". | |







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