
Me gustán las películas sobre escritores que utilizan un modo de vivir a contracorriente para convertilo en una experiencia vital/moral y plasmarla en un libro. Antes de llegar un texto a publicarse todas las peripecias que acumula el novelista terminan convirtiéndose en una reflexión sobre la forma en que vivimos. ‘Por las mañanas escribo’, título español de À pied d’œuvre, adaptación de la autobiografía de Franck Courtès dirigida por Valérie Donzelli, es una pieza que me ha sorprendido por proponer una mirada poco glamurosa de un autor que viviendo y existiendo como un paria sostiene una satisfacción
inquebrantable a su precariedad. Presentada en la competición de la Mostra de Venecia de 2025, donde obtuvo el premio al mejor guion para Donzelli y Gilles Marchand, la película se mueve entre el retrato íntimo, la crónica social y una cierta ironía sobre la condición del escritor.
Paul Marquet, magníficamente interpretado por Bastien Bouillon, es un fotógrafo que ha decidido abandonar una profesión en la que había alcanzado prestigio para dedicarse a escribir. Ha publicado cuatro libros, pero ninguno ha conseguido unas ventas significativas. Su editora, Alice —Virginie Ledoyen—, todavía confía en él y espera esa gran novela que permita justificar una apuesta que, de momento, parece condenada al fracaso.
La situación de Paul se complica cuando su mujer se separa de él y se marcha con sus hijos a Montreal. Donzelli, que interpreta a la esposa, acompaña el relato con una voz interior que convierte al protagonista en un hombre permanentemente enfrentado consigo mismo. Vive en un pequeño estudio situado prácticamente en un sótano: desde su ventana apenas se ven los pies de los transeúntes. Una imagen sencilla y extraordinariamente eficaz para expresar su situación económica, afectiva y moral.
Paul está cerca de la pobreza y no recibe ayudas sociales. Su familia le reprocha que haya abandonado una profesión estable y, ante la necesidad de sobrevivir, comienza a aceptar pequeños trabajos a través de una plataforma digital. Cortar el césped, montar muebles, cambiar plantas, reparar un inodoro o realizar cualquier otra tarea por cantidades ridículas se convierten en su modo de vida. La competencia explica los precios: si él no acepta veinte euros, otro lo hará.
Lo interesante es que Donzelli evita convertirlo en una víctima. Paul puede parecer un perdedor, un hombre desorientado o incluso un personaje ridículo, pero conserva algo fundamental: la dignidad. No considera indigno el trabajo manual. Al contrario, encuentra satisfacción en hacerlo bien. Es habilidoso con las herramientas, resuelve problemas y se adapta a las circunstancias. Incluso después de atropellar accidentalmente a un corzo, y ante la imposibilidad de obtener asistencia, termina llevándoselo a casa y despiezándolo. El episodio, entre lo grotesco y lo insólito, resume bastante bien la personalidad de un hombre que siempre encuentra una solución, por extravagante que sea.
La película adquiere así una dimensión más interesante cuando Paul empieza a anotar en sus cuadernos las experiencias acumuladas durante esos trabajos. Aquello que parecía una sucesión de empleos precarios termina convirtiéndose en materia literaria. Su editora comprende el potencial de esas notas, las hace transcribir y el manuscrito acaba transformándose en À pied d’œuvre. Paradójicamente, el libro que nace de la precariedad es el que finalmente consigue llamar la atención y acercar al escritor a sus lectores, incluso a su propio hijo.
Donzelli mantiene una puesta en escena deliberadamente sobria, aunque introduce de vez en cuando imágenes de textura casi amateur, pequeñas fugas surrealistas y una voz en off que amplía el carácter introspectivo del relato. Son recursos que rompen una narración deliberadamente lineal y monótona, porque, en realidad, la película consiste esencialmente en ver a un hombre trabajar, escribir y tratar de mantenerse a flote.
Ese riesgo de monotonía existe y no conviene ocultarlo. El encadenamiento de pequeños trabajos puede resultar repetitivo y algunas de las digresiones estilísticas no siempre se integran con naturalidad en el conjunto. Pero ahí está también la singularidad de la propuesta: ‘Por las mañanas escribo’ no busca fabricar un héroe ni una historia de superación convencional. Paul no pretende triunfar. Quiere escribir, trabajar y conservar una cierta libertad, aunque esa libertad tenga un precio elevado.
Bastien Bouillon sostiene la película con una interpretación contenida, llena de silencios, gestos mínimos y una vulnerabilidad que nunca se convierte en autocompasión. Donzelli, por su parte, consigue que el retrato de este hombre aparentemente insignificante termine planteando una cuestión bastante mayor: ¿quién decide qué trabajo merece respeto y qué vida merece ser considerada un éxito?
En ese sentido, ‘Por las mañanas escribo’ es una película curiosa, irregular por momentos, pero honesta y profundamente humana. Una historia sobre un escritor que descubre que quizá la literatura no está en imaginar grandes aventuras, sino en saber mirar aquello que sucede mientras uno intenta sobrevivir.
Reseña de José Manuel León Meliá

| A pied d'oeuvre (2025) | |
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Rating: N/A/10 (N/A votes) Director: Valérie Donzelli Writer: Franck Courtès, Valérie Donzelli, Gilles Marchand Stars: Virginie Ledoyen, Bastien Bouillon, Marie Rivière Runtime: 92 min Rated: N/A Genre: Biography, Drama Released: N/A |
| Plot: A photographer at the peak of his career abandons his success to pursue writing, facing financial hardship and personal struggles as he chases his true passion. | |







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