Déjame salir

Ambientada un año antes de la muerte de Franco, la película aborda uno de los episodios más tristes y vergonzosos de la historia de España, que, sin embargo, se prolongó hasta 1985, diez años después de la muerte del dictador. Se trata del llamado Patronato de Protección a la Mujer, una institución regentada por religiosas donde se recluía a chicas que se habían quedado embarazadas, habían mantenido relaciones sexuales antes del matrimonio o, simplemente, llevaban una vida que no encajaba con la moral conservadora de la época.

Estamos en Barcelona, en 1974. Ana tiene 19 años, es algo rebelde y vive en un ambiente acomodado, bajo la estricta vigilancia de un padre autoritario que la tiene atada en corto. Un día, después de escaparse sin permiso para asistir a un concierto de música, su padre toma una drástica decisión para intentar encauzar a esta joven disoluta: entregarla al Patronato para que consigan reeducarla y quitarle de encima esa supuesta inmoralidad.

La película tiene ciertas similitudes con Las hermanas de la Magdalena, de Peter Mullan, que retrataba unas instituciones irlandesas con prácticas muy parecidas y que proliferaron en distintos lugares de Europa. Resulta estremecedor comprobar que estos centros estuvieran regentados por religiosas que, lejos de proteger a las jóvenes, se dedicaban en muchos casos a someterlas a castigos, humillaciones y vejaciones. También resulta especialmente inquietante recordar los abusos cometidos contra mujeres y niños en instituciones de este tipo, incluidos casos de separación de madres e hijos y adopciones irregulares. Se supone que quienes predican la bondad y el amor al prójimo deberían dar ejemplo, pero la realidad demuestra que, en ocasiones, el fanatismo y la hipocresía pueden esconderse detrás de una fachada de virtud religiosa.

Son páginas vergonzosas de nuestro pasado que Daniel Monzón recupera con esta película. El director nos ha ofrecido títulos muy interesantes como Celda 211, El niño o Las leyes de la frontera, y aquí se aleja del thriller criminal de algunos de sus trabajos anteriores para centrarse en un drama social que denuncia una maquinaria represiva en la que el castigo y el sometimiento se utilizaban como métodos para «educar» a unas chicas cuyo único delito era no ajustarse a las normas morales impuestas por la sociedad.

Ana no ha cometido ningún delito, pero su padre está convencido de que su rebeldía debe corregirse de la forma más contundente posible. La madre, mucho más comprensiva, apenas tiene capacidad de decisión frente a un marido de mentalidad profundamente machista. La situación familiar refleja una época en la que muchas mujeres carecían de autonomía y en la que la autoridad masculina se imponía incluso cuando estaban en juego la libertad y el futuro de sus propias hijas.

En el Patronato, Ana conocerá a Sole, otra joven recluida con la que acabará formando una pareja inseparable. La solidaridad entre ambas y su manera de afrontar las dificultades se convierten en el corazón de la historia. Frente a una institución que pretende doblegarlas y arrebatarles su personalidad, la amistad les proporciona un refugio y una pequeña vía de escape. Para interpretar a estas dos jóvenes contamos con Zoe Bonafonte y Manuela Calle, que aportan carisma y frescura a sus personajes. En el lado opuesto encontramos a Adelfa Calvo, que encarna la férrea autoridad de la institución.

La represión de estas supuestas «descarriadas», ejercida paradójicamente por otras mujeres que decían actuar por su bien, constituye uno de los aspectos más incómodos de la película. La denuncia resulta contundente al mostrar cómo la religión y la moral podían utilizarse para justificar comportamientos crueles y deshumanizadores. La falta de compasión de quienes tenían la responsabilidad de cuidar a estas jóvenes provoca indignación y nos recuerda que ninguna ideología, creencia o autoridad debería servir de excusa para pisotear los derechos fundamentales de una persona.

Daniel Monzón reconstruye este universo opresivo y nos enfrenta a una realidad que durante demasiado tiempo permaneció silenciada. Es importante recordar que detrás de las cifras y de los testimonios históricos hubo mujeres reales, con sus sueños, sus miedos y sus vidas destrozadas por decisiones que otros tomaron por ellas. Por eso considero que estamos ante una película necesaria, que nos recuerda que la libertad individual no debería quedar nunca supeditada a una moral religiosa impuesta por la fuerza.

Es cierto que en algunos momentos el relato puede resultar algo maniqueo, con una división demasiado marcada entre víctimas y verdugos, pero tampoco hay que olvidar que estamos ante una película que pretende denunciar unos hechos reales sin renunciar a su vocación de llegar al gran público. Ruega por nosotras busca emocionar, indignar y, al mismo tiempo, ofrecer una historia de amistad y resistencia que permita al espectador disfrutar de una tarde de cine sin olvidar aquello que está viendo.

En definitiva, una película que recupera una parte oscura de nuestra historia y que nos recuerda que, bajo la excusa de proteger y educar, se pueden cometer auténticas barbaridades. Porque la libertad no debería perderse nunca en nombre de una supuesta moralidad, y mucho menos cuando quienes dicen defenderla son precisamente los que se encargan de pisotearla.

Ricar

 

 

 

 

 

Ruega por nosotras (2026)
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Director: Daniel Monzón
Writer: Jorge Guerricaechevarría, Daniel Monzón
Stars: Zoe Bonafonte, Manuela Calle, Carla Domínguez
Runtime: N/A
Rated: N/A
Genre: N/A
Released: N/A
Plot: N/A
Calificación: