
Hay algo deliberadamente incómodo en Digger (2026): una película que parece haber sido concebida para provocar carcajadas, pero que termina mirando al espectador con la solemnidad de quien acaba de explicarle el fin del mundo. Alejandro González Iñárritu, que nunca ha parecido especialmente interesado en hacer películas pequeñas ni silenciosas, se lanza aquí a una sátira de proporciones apocalípticas y coloca a Tom Cruise en el centro del fregado. Y no precisamente para que corra.
Cruise interpreta a Digger Rockwell, un magnate del petróleo tan poderoso como estrambótico, un individuo que ha amasado un imperio a fuerza de dinero, contactos y una relación bastante creativa con la conciencia. Es un personaje de caricatura, sí, pero también una criatura que parece haber salido de una pesadilla húmeda del capitalismo norteamericano. Cruise, irreconocible bajo prótesis, maquillaje y una imagen deliberadamente desaliñada, se entrega al papel con una ferocidad admirable. El antiguo hombre de las misiones imposibles parece aquí un millonario pasado por una trituradora de carne.
La película arranca como una comedia política de tintes gruesos. Un enorme bloque de hielo se desprende de Groenlandia y avanza hacia Europa, mientras Digger y las autoridades estadounidenses intentan gestionar una catástrofe que, en buena medida, tiene bastante que ver con el modelo industrial del propio magnate. Petróleo, dinero, poder, cambio climático y una clase dirigente que parece haber confundido la Casa Blanca con una sala de juntas. Todo muy serio, aunque Iñárritu lo presenta con un gusto por la exageración que invita a pensar en Teléfono rojo, ¿volamos hacia Moscú? y, en algunos pasajes, en la tradición alarmista de Punto límite cero, una de las impecables obras maestras del gran Sidney Lumet. Estas dos referencias, por supuesto, salvando las distancias.
Pero Digger guarda una carta escondida. Lo que parecía una desquiciada sátira política se transforma en una construcción metacinematográfica en la que la representación teatral, los actores y el propio sentido de contar una historia sobre el desastre adquieren un peso decisivo. El artificio se hace visible y la película empieza a hablar también de sí misma. Es una pirueta muy de Iñárritu: cuando parece que ya sabemos por dónde va a salir, cambia de puerta.
El problema es que tanta pirueta acaba dejando al espectador algo mareado. Hay ideas, muchas ideas; algunas excelentes. Está la crítica al poder económico, la irresponsabilidad medioambiental, la impostura de los salvadores de la humanidad, la relación entre espectáculo y tragedia. Está incluso esa pregunta bastante incómoda sobre qué sentido tiene representar el apocalipsis cuando quizá ya estamos viviendo dentro de él.
Lo que falta, al menos para quien esto escribe, es algo tan elemental como la risa.
Iñárritu parece tener muy claro que quiere hacer una comedia negra, pero la película está tan pendiente de demostrar su inteligencia que se olvida de ser divertida. Hay sarcasmo, grotesco, exceso, personajes que podrían haber sido estupendos muñecos de guiñol, pero la sátira llega muchas veces con la expresión facial de quien está impartiendo una conferencia sobre la sátira. Y la comedia, conviene recordarlo, es un animal bastante caprichoso: si se le explica demasiado el chiste, suele dejar de hacer gracia.
También resulta llamativo el trabajo de Emmanuel Lubezki. Su fotografía, rodada en VistaVision, apuesta por una luz fría, austera, casi monocromática, con una belleza deliberadamente poco confortable. Los espacios, las mansiones, los despachos y los escenarios tienen algo de monumental y algo de ruina. Todo parece caro y miserable al mismo tiempo. Una contradicción visual perfectamente acorde con el universo de Digger.
Quizá el mejor momento llegue precisamente cuando la película deja de intentar convencernos y se entrega a su condición de representación. Ahí Iñárritu encuentra una salida elegante para un artefacto que durante buena parte del metraje parece buscar desesperadamente su propio tono.
Digger es, en definitiva, una película ambiciosa, aparatosa, voluntariamente excéntrica y cargada de buenas intenciones. Tiene a un Tom Cruise dispuesto a dinamitar su propia imagen, a un Iñárritu empeñado en jugar con las formas y a Lubezki fotografiando el desastre como si hasta el apocalipsis necesitara una iluminación de gala. Hay mucho que mirar y bastante que pensar.
Lástima que, entre tanta catástrofe, tanto petróleo y tanto fin del mundo, uno termine echando de menos algo bastante más modesto: una buena carcajada.
Reseña de José manuel León Meliá

| Digger (2026) | |
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Rating: N/A/10 (N/A votes) Director: Alejandro G. Iñárritu Writer: Sabina Berman, Alexander Dinelaris, Nicolás Giacobone Stars: Tom Cruise, Riz Ahmed, Aetheria Angel Runtime: 106 min Rated: N/A Genre: Comedy, Drama Released: 02 Oct 2026 |
| Plot: The most powerful man in the world embarks on a frantic mission to prove he is humanity's savior before the disaster he's unleashed destroys everything. | |







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