Una geografía del desarraigo

Hay películas que hablan de la migración y hay películas que consiguen convertir el desarraigo en una forma de mirar. ‘Ceniza en la boca’ (2026), dirigida por el actor y cineasta mexicano Diego Luna y basada en la novela homónima de Brenda Navarro, pertenece a esa segunda categoría. Con guion de Diego Luna, Abia Castillo y Diego Rabasa, y con Gael García Bernal entre sus productores ejecutivos, la película fue presentada en el Festival de Cannes y posteriormente en la sección Horizontes Latinos del Festival de San Sebastián. Pero más allá de su recorrido festivalero, lo que interesa es la mirada personal con la que Luna aborda una historia de migración, precariedad, violencia y reconstrucción familiar.

La película posee una estructura circular particularmente significativa. Comienza con una huida y termina también con una huida. Una persona abandona una situación que se ha vuelto insostenible, se introduce en un taxi y emprende un viaje cuyo destino, de una manera u otra, es Barcelona. Entre ambos momentos transcurre una historia de pérdidas y desplazamientos que tiene como protagonista a Lucila, una joven que intenta encontrar su lugar en un mundo que parece empeñado en negarle cualquier estabilidad.

Al principio conocemos a Isabel, la madre, que abandona México y deja atrás a sus hijos, Lucila y Diego. No se trata de una decisión sencilla, sino de la consecuencia de una situación límite. En España, Isabel ha trabajado durante años en condiciones precarias e irregulares con un objetivo concreto: reunir dinero para poder traer a sus hijos. Cuando finalmente se produce el reencuentro, la promesa de una nueva vida familiar está lejos de cumplirse.

Lucila, interpretada con notable naturalidad por Anna Díaz, se convierte en el verdadero centro emocional de la película. En Madrid intenta incorporarse a una sociedad que necesita trabajadores como ella, especialmente para tareas de cuidados: niños, ancianos, personas dependientes. Es una de las paradojas más interesantes que plantea Luna: quienes llegan de otros países terminan ocupándose de cuidar a los demás mientras ellos mismos viven en una situación de enorme fragilidad económica y emocional.
Pero el elemento más perturbador de la familia es Diego, el hermano de Lucila. Su comportamiento violento en el instituto provoca continuos avisos y amenaza con terminar en expulsión. El muchacho aparece como otra víctima del desarraigo, incapaz de adaptarse a una realidad que no comprende. Su conflicto no es solamente escolar: es familiar, social y, en último término, existencial.

Lucila, mientras tanto, trata de sobrevivir. Cambia de trabajo, abandona la casa, busca otros lugares donde vivir y termina desplazándose a Barcelona. La ciudad tampoco es presentada como una tierra prometida. Allí continúa trabajando en empleos precarios y descubriendo las dificultades de quien pretende construir una vida sin disponer apenas de recursos. Luna observa ese mundo desde una perspectiva sociológica, pero sin convertir la película en un simple alegato. Hay amistad, deseo, momentos de diversión y esperanza. La existencia de Lucila no se reduce a ser una víctima: es, sobre todo, una joven que intenta decidir quién quiere ser.

La tragedia llega con la muerte de Diego, que se suicida arrojándose al vacío. La noticia transforma el relato. Lucila debe enfrentarse entonces a una mezcla de dolor y culpabilidad, a la sensación de no haber sabido proteger suficientemente a su hermano. Es en ese momento cuando el título adquiere toda su fuerza. Ante las cenizas de Diego, Lucila realiza un gesto tan perturbador como íntimo: lleva una parte de ellas a la boca. Es una expresión extrema de amor, duelo y deseo de conservar dentro de sí a quien acaba de perder.

El regreso a México tampoco significa regresar a casa. El país de origen se ha convertido en un territorio extraño y amenazante. La violencia, los tiroteos nocturnos y la presencia de un entorno social peligroso dibujan una realidad en la que tampoco existe la seguridad que Lucila buscaba. Luna evita identificar de manera explícita a los responsables de esa violencia y prefiere transmitir la sensación de amenaza permanente.

Ahí aparece quizá la principal virtud de ‘Ceniza en la boca’: comprender que emigrar no significa simplemente atravesar una frontera. El viaje continúa después, en el trabajo, en las relaciones familiares, en la identidad y en la memoria. Lucila se desplaza de México a España y de España a México, pero ningún movimiento consigue devolverle aquello que ha perdido.

La estructura circular termina adquiriendo así un significado poderoso. El taxi representa la huida, pero también la imposibilidad de permanecer. Cada partida parece ofrecer una oportunidad nueva y, al mismo tiempo, confirma que no existe un lugar completamente seguro. La película de Diego Luna habla, en definitiva, de una generación obligada a construir su identidad mientras se desplaza entre territorios, familias y recuerdos.

‘Ceniza en la boca’ no es una película complaciente ni pretende ofrecer respuestas fáciles. Su mirada sobre la migración es personal, social y profundamente humana. Luna filma a Lucila como alguien que todavía está construyéndose, alguien que aprende a resistir cuando apenas tiene nada a lo que aferrarse. Y quizá ahí se encuentre el verdadero sentido de esta historia: no en llegar a un destino, sino en descubrir que, para algunas personas, sobrevivir consiste simplemente en seguir avanzando.

Reseña de José Manuel León Meliá

Ashes (2026)
Ashes poster Rating: 6.8/10 (16 votes)
Director: Diego Luna
Writer: Abia Castillo, Diego Luna, Brenda Navarro
Stars: Sergio Bautista, Anna Díaz, Benny Emmanuel
Runtime: 102 min
Rated: N/A
Genre: Drama
Released: 09 Oct 2026
Plot: Lucila, 21, moves to Spain with her brother to reunite with their mother who left 8 years ago. Facing discrimination and family duties, she struggles to find independence while dealing with her past wounds.
Calificación: