Cuando el cuerpo se rebela contra la explotación laboral

Marion Le Corroller firma con Sanguine un estimulante debut en el largometraje que ha conseguido alzarse con el premio a la mejor película en el Festival de Sitges y que hemos podido disfrutar en la Seminci de Valladolid. Una propuesta de terror corporal que utiliza el género fantástico para abordar algunos de los grandes problemas de nuestra sociedad, especialmente la presión laboral, la precariedad y el agotamiento de una generación que parece condenada a vivir permanentemente al límite.

La historia nos presenta a Margot (Mara Taquin), una joven médica residente que comienza sus prácticas en el servicio de urgencias de un hospital francés. Allí tendrá que enfrentarse a un entorno dominado por la presión, la competitividad y unas exigencias profesionales que parecen no tener límite. Mientras intenta salir adelante de la mejor manera posible, la aparición de varios pacientes de su misma edad con síntomas inexplicables comienza a despertar sus sospechas. Una extraña enfermedad parece estar afectando a los jóvenes y pronto empezará a manifestarse también en su propio cuerpo.

Lo que inicialmente parece un extraño sangrado, como una especie de sudoración sanguinolenta, irá degenerando progresivamente hasta convertirse en una transformación física cada vez más aterradora, llevando a la protagonista a enfrentarse a una situación que terminará superando cualquier explicación razonable.

Sanguine parte de un drama sobre el estrés laboral, pero pronto utiliza el body horror para transformar ese malestar en una experiencia grotesca y perturbadora. El cuerpo se convierte en un auténtico campo de batalla donde se manifiestan las tensiones acumuladas, en una metáfora bastante contundente de cómo un sistema cada vez más exigente puede terminar devorando a quienes forman parte de él. Porque cuando el trabajo deja de ser una forma de ganarse la vida y se convierte en una condena, las consecuencias pueden ser mucho más aterradoras de lo que imaginamos.

La película establece inevitables conexiones con Crudo, de Julia Ducournau, o La sustancia, de Coralie Fargeat, dos títulos que también utilizan las transformaciones físicas para abordar cuestiones sociales y psicológicas. Sin embargo, Marion Le Corroller encuentra su propio espacio al trasladar el conflicto al ámbito laboral, convirtiendo el hospital en un escenario de auténtica locura.

La directora opta por una puesta en escena especialmente acertada, utilizando grandes planos abiertos y angulares que contribuyen a deshumanizar el entorno hospitalario. Médicos, enfermeros y pacientes parecen formar parte de una maquinaria que funciona de manera automática, donde las personas terminan convirtiéndose en simples piezas de un engranaje que no se detiene ante nada. Una mirada inquietante sobre un sistema sanitario donde la presión y la competitividad parecen haber sustituido a la empatía y al cuidado de los demás.

Mara Taquin realiza un magnífico trabajo como Margot, ofreciendo una interpretación de enorme exigencia física que consigue transmitir la progresiva descomposición de su personaje. Su transformación resulta tremendamente inquietante y se convierte en el principal vínculo narrativo de una película que encuentra en los efectos especiales y el maquillaje uno de sus grandes atractivos. Una interpretación que va mucho más allá de lo puramente físico, mostrando el deterioro de alguien que parece estar perdiendo el control de su propia existencia.

Por su parte, Karin Viard interpreta a una despiadada jefa de servicio que exprime a los médicos residentes de una manera absolutamente brutal. Su personaje representa esa cultura laboral donde la exigencia se convierte en una forma de abuso y donde la autoridad parece justificar cualquier comportamiento. Su presencia aporta una enorme fuerza a la película, convirtiéndose en una figura tan reconocible como incómoda.

La puesta en escena de Le Corroller transmite con bastante acierto la angustia de la protagonista y su progresivo deterioro físico contribuyendo a construir una atmósfera enfermiza que va aumentando de intensidad a medida que avanza la narración. La directora sabe cómo jugar con el horror corporal, llevando sus planteamientos hasta unos extremos que resultan tan grotescos como perturbadores.

Sanguine utiliza el terror más visceral para construir una sátira sobre la precariedad, la competitividad y las consecuencias de una sociedad que exige cada vez más a sus trabajadores, especialmente a los más jóvenes. Una película que no tiene miedo de mostrar sus excesos, que utiliza la sangre y las transformaciones físicas como herramientas narrativas y que encuentra en su particular mala leche una de sus principales virtudes.

Una película que, aunque en determinados momentos pueda resultar excesiva, demuestra una enorme personalidad a la hora de abordar cuestiones sociales desde el cine de género. Una propuesta contundente, visualmente estimulante y con bastante mala leche, que convierte el agotamiento laboral en una auténtica pesadilla corporal.

Un film muy destacable que demuestra que el terror puede ser mucho más que una sucesión de sustos. Porque cuando el sistema te exprime hasta la última gota, quizá lo más aterrador sea descubrir que tu propio cuerpo ha decidido rebelarse.

Ricar

 

Sanguine (2026)
Sanguine poster Rating: 5.4/10 (46 votes)
Director: Marion Le Coroller
Writer: Marion Le Coroller, Thomas Pujol
Stars: Stefan Crepon, Edouard Ducamp, Sonia Faidi
Runtime: 103 min
Rated: N/A
Genre: Horror, Thriller
Released: 28 Oct 2026
Plot: Margot, a young intern at the country's most competitive ER, struggles in the high-pressure environment. When multiple patients her age arrive with strange symptoms, her own body begins experiencing alarming transformations.
Calificación: