
Mañana bien aprovechada, previo paso por la piscina y llegada a casa con ganas de ver una película distinta y lejos de las tradiciones de las fechas. Para el caso elijo una película de producción tunecina que me ha dado 99 minutos majos, agradables, elocuentes, con algún momento bellísimo, que me ha dejado una sensación placentera. En definitiva lo que buscaba.
La película de la que hablo y recomiendo se titula, ‘Where the Wind Comes From’, escrita y dirigida por Amel Guellaty, y se presentó como una de esas pequeñas sorpresas que llegan a festivales como el Festival de Sundance, en su sección oficial, con vocación de dejar huella desde la sencillez y la honestidad. Y lo consigue con crece. Más por lo que dice y lo que cuenta que por su desarrollo argumental.
Con un tono cercano y muy natural, la pieza nos mete de lleno en la vida de Alissa (Eya Bellagha) y Medhi (Slim Baccar), dos adolescentes con más sueños que certezas. Ella es el motor de la historia: carismática, decidida y con ese punto pícaro que le permite sortear obstáculos sin demasiados escrúpulos. Alissa es fresca, valiente y no quiere quedarse donde está. Su vida familiar, algo desestructurada, y su carácter inconformista la empujan a mirar más allá de Túnez, concretamente hacia Alemania, que para ella representa casi una fantasía. Medhi, por su parte, aporta una sensibilidad más artística: dibuja y pinta con talento, y confía en que ese don pueda abrirle puertas fuera de su país.
El punto de partida es casi una excusa perfecta para lanzarse a la carretera: un concurso de dibujo en Djerba, la isla más famosa y turística de Túnez, podría darles un billete hacia Europa. A partir de ahí, la película adopta la forma de una road movie ligera pero con fondo, donde cada kilómetro recorrido sirve para perfilar mejor a sus protagonistas. No es solo un viaje físico, sino también emocional. Aunque es una estructura muy manoseada, su respiración y el motivo que lleva a los personajes a emprender un recorrido está alentado por sus ansías de levar anclas y pelear por un porvenir más próspero.
En ese trayecto hay momentos especialmente reveladores. Desde la parada obligada por culpa de una avería en el coche sustraído que manejan en casa de unos conocidos acomodados —donde se respira una mentalidad más abierta y casi ajena a su realidad cotidiana— hasta la escapada a una discoteca de estética europea, donde Alissa experimenta, se deja pintar los labios, juega con su identidad y se permite incluso explorar su sensualidad sin complejos, acercándose a la chica que le ha dejado su lápiz de labios. Son escenas que sorprenden por su frescura y por romper ciertos estereotipos asociados al cine del norte de África. Aparte, como otras, con la ensoñación de Alissa, salpicadas de una fantasía psicodélica.
La relación entre ambos también pasa por altibajos: discusiones, tensiones e incluso episodios más duros, pero siempre con ese hilo de complicidad que los mantiene unidos. Porque, en el fondo, comparten lo mismo: la necesidad de cambiar de vida.
El título de la película cobra sentido en su tramo final, cuando se revela como una metáfora potente: ese “viento” que sopla no es otra cosa que el grito de quienes necesitan hacerse oír. En especial, el de las mujeres que, incluso en un país relativamente abierto como Túnez, siguen luchando por encontrar su espacio y su voz. Es un alarido casi de guerra emitido por muchas mujeres en silencio para protestar por su situación de sumisión que con el conjunto de otras voces provocan la fuerza del viento.
El desenlace no es complaciente. No hay triunfo en el concurso ni soluciones fáciles. Sin embargo, sí hay evolución. Medhi logra dar el salto hacia Europa, mientras que Alissa permanece, de momento, en su entorno, cargando con responsabilidades familiares pero sin renunciar a su espíritu combativo.
Lo mejor de la película es precisamente su franqueza. No intenta adornar la realidad ni dramatizarla en exceso. Está contada con una energía joven, con una fotografía luminosa y colores vivos que contrastan con las dificultades que atraviesan los personajes. Tiene algo de alegre incluso en sus momentos más duros, como si quisiera recordarnos que el deseo de cambio, por complicado que sea, también puede ser un impulso vital.
En definitiva, ‘Where the Wind Comes From’ es una historia de búsqueda —de identidad, de libertad y de futuro— que conecta fácilmente gracias a sus personajes y a esa sensación universal de querer escapar cuando el lugar en el que estás se te queda pequeño.
Reseña de José Manuel León Meliá

| Tunis Djerba (2024) | |
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Rating: N/A/10 (N/A votes) Director: Amel Guellaty Writer: Amel Guellaty Stars: Slim Baccar, Sondos Belhassen, Eya Bellagha Runtime: 100 min Rated: N/A Genre: Comedy, Drama Released: N/A |
| Plot: A comedic ode to Tunisia's youth, TUNIS-DJERBA presents the story of Alyssa, a rebellious 19 year-old girl, and her friend Mehdi - a shy and introverted 23-year-old young man - who use their imagination to escape their unpromising... | |







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