Cerrar un festival de cine con una película sobre un grupo de tipos empeñados en imprimir un periódico clandestino puede parecer, sobre el papel, un asunto bastante menos glamuroso que una gran batalla cinematográfica. Pero Mikael R. Roskam consigue que las rotativas, la tinta, los tipos móviles y las visitas furtivas a una imprenta tengan bastante más suspense que muchos tiroteos.

*Le faux Soir* se inspira en hechos reales y reconstruye una de esas historias que la Historia, con mayúsculas, suele guardar en letra pequeña. Estamos en Bruselas, en 1943, en plena ocupación alemana. *Le Soir*, el periódico más leído de Bélgica —con difusión también en Luxemburgo—, ha quedado bajo el control de los aparatos políticos vinculados a la Gestapo. El diario sigue saliendo a la calle, pero su contenido está sometido a la vigilancia, la censura y la propaganda nazi. Las noticias tienen que transmitir la impresión de que Alemania continúa dominando la situación bélica y, naturalmente, cualquier mensaje que huela a resistencia, esperanza o espíritu crítico está fuera de cuestión.

Y entonces a unos cuantos ciudadanos se les ocurre una idea que, vista con cierta distancia, parece entre heroica y directamente disparatada: suplantar el periódico.

No crear simplemente una octavilla clandestina. No esconder cuatro mensajes entre las páginas de una publicación cualquiera. No. Hacer un número falso de *Le faux Soir*, utilizando su cabecera, su apariencia y su prestigio para introducir un contenido completamente diferente. Una especie de *Le Soir* paralelo, fabricado desde la resistencia. La clase de ocurrencia que, cuando alguien la propone, provoca primero un silencio incómodo y después la pregunta inevitable: «¿Y cómo demonios pensamos hacerlo?».
Ahí empieza realmente la película.

Roskam convierte el proceso de fabricación de ese periódico clandestino en un thriller de resistencia muy bien dosificado. Hay que localizar una imprenta, conseguir linotipistas, encontrar papel, preparar los textos, organizar la distribución y, sobre todo, evitar que los alemanes descubran lo que está ocurriendo. Cada pequeño avance trae consigo un nuevo problema. Y cada problema exige una solución que, a su vez, abre la puerta a otro peligro.

La película encuentra buena parte de su energía precisamente en esa sucesión de obstáculos. No hace falta inventarse persecuciones imposibles: basta con que una puerta se abra cuando no debería, que alguien aparezca en el lugar equivocado o que una imprenta esté situada, con admirable sentido del humor negro de la Historia, **justo enfrente de las oficinas de la Gestapo**. Si alguien hubiera querido diseñar el escondite menos recomendable de toda Bélgica, probablemente habría colocado la imprenta exactamente allí.

El resultado tiene un indudable aire de película de espías. Hay clandestinidad, vigilancia, documentos, encuentros secretos, desplazamientos nocturnos y esa permanente sensación de que cualquier detalle puede hacer saltar por los aires toda la operación. Pero *Le faux Soir* no necesita convertir a sus protagonistas en superhéroes. Al contrario: una de sus virtudes está en mostrarlos como ciudadanos normales que, ante unas circunstancias extraordinarias, deciden hacer algo extraordinario.
El grupo funciona como una auténtica colectividad. No estamos ante un protagonista solitario que concentra todas las virtudes y resuelve todos los problemas. Aquí cada personaje aporta una pieza diferente al mecanismo: unos saben escribir, otros imprimir, otros corregir, otros organizar y otros sencillamente tienen el valor —o la temeridad— de ponerse manos a la obra. La resistencia aparece así como un trabajo colectivo, casi artesanal.

Y eso permite que la película hable de algo más que de la fabricación de un periódico. Habla de **la libertad de expresión como acto de resistencia**. De la palabra escrita como arma. De la necesidad de conservar una voz propia cuando el poder pretende decidir qué puede leer, pensar y creer una sociedad.
Roskam tampoco se olvida completamente de las vidas privadas de sus personajes. Aunque la película está más interesada en la aventura colectiva que en desarrollar grandes melodramas personales, introduce algunos apuntes íntimos que ayudan a humanizarlos. Especialmente interesante es el personaje del ilustrador y escritor que redacta algunas de sus ideas en papel de fumar: si los alemanes lo descubren, siempre queda la posibilidad de tragarse la prueba. Es una imagen que resume perfectamente el clima de paranoia y clandestinidad de la época.

Su historia sentimental también aporta uno de los detalles más interesantes del relato. El hombre abandona su casa sin explicarle a su compañera que va a incorporarse a la resistencia. Lo que él no sabe es que, poco después, ella también acabará entrando en la operación, trabajando como correctora de textos del periódico. Dos personas que se separan para protegerse y que terminan encontrándose, de una manera u otra, en la misma batalla.

Visualmente, *Le faux Soir* juega con las cartas habituales del cine de época, pero las juega bien. La dirección artística está especialmente cuidada y la producción transmite una notable sensación de autenticidad. La fotografía apuesta por una paleta de tonos marrones, apagados, ligeramente desvaídos, que contribuye a crear esa atmósfera de los años cuarenta sin convertir la película en un museo de estampas antiguas.

Todo tiene textura de época: los interiores, las calles, los vehículos, los uniformes, las imprentas, el vestuario. Y, sobre todo, la película consigue que el espectador sienta que esos personajes viven en un mundo donde el peligro puede estar literalmente al otro lado de la pared.

El reparto, además, funciona muy bien en esa lógica coral. Los actores no necesitan grandes exhibiciones individuales porque el verdadero protagonista es el grupo. La película entiende que el heroísmo de esta historia no pertenece exclusivamente a una persona, sino a una suma de voluntades.
Porque *Le faux Soir* habla, en definitiva, de héroes. Pero lo hace sin necesidad de convertirlos en estatuas. Son personas temerarias, sí; personas que se embarcan en una misión que parece casi imposible y que saben perfectamente cuáles pueden ser las consecuencias si fracasan. Su heroicidad procede precisamente de haber decidido hacerlo a pesar de todo.

El guion tiene además la inteligencia de convertir el proceso de fabricación del periódico en el propio motor narrativo. Primero parece una idea peregrina; después hay que conseguir los medios; luego solucionar los problemas; posteriormente esquivar a los alemanes; y finalmente conseguir que aquello que han fabricado llegue a las calles. La película avanza así con una lógica muy clara: **cada página que consiguen imprimir es también una pequeña victoria**.

La música acompaña eficazmente esta progresión y contribuye a reforzar el componente de thriller sin subrayar en exceso el dramatismo. Y cuando llega el final, los títulos de crédito hacen algo que en las películas basadas en hechos reales siempre produce un pequeño escalofrío: nos cuentan qué ocurrió realmente con aquellas personas que acabamos de acompañar durante la película.

Es entonces cuando *Le faux Soir* termina de adquirir su verdadera dimensión. Lo que acabamos de ver no era una aventura inventada para fabricar suspense. Aquellos hombres y mujeres existieron, y aquella misión que sobre el papel parecía una locura llegó a realizarse.

Quizá esa sea la mejor manera de cerrar un festival: con una película que recuerda que el cine también puede rescatar pequeñas historias de la Historia y convertirlas en relatos de aventura, resistencia y libertad. *Le faux Soir* no reinventa el thriller histórico ni pretende hacerlo. Es una película clásica en el mejor sentido del término: sólida, bien producida, bien interpretada, visualmente convincente y narrativamente eficaz.

Y, para cerrar un festival, tampoco hace falta mucho más. A veces basta con dejar al público con una historia en la que unos cuantos ciudadanos decidieron que, en tiempos en los que hasta las noticias estaban vigiladas, **imprimir la verdad podía ser una forma bastante peligrosa —y bastante hermosa— de plantar cara*

Reseña de José Manuel León Meliá

 

 

Le Faux Soir (2026)
Le Faux Soir poster Rating: N/A/10 (N/A votes)
Director: Michaël R. Roskam
Writer: Bernard Falaise, Domenico La Porta, Anneleen Masschelein
Stars: Arieh Worthalter, Karim Leklou, Mélanie Thierry
Runtime: N/A
Rated: N/A
Genre: Drama, History, War
Released: 16 Sep 2026
Plot: The Belgian resistance secretly produced a spoof version of the country's leading newspaper, Le Soir, which had become a propaganda tool of the occupying Nazi forces in 1943.
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