La oscuridad también tiene hambre

Igor Legarreta convierte la lucha por el carbón en un áspero drama de supervivencia, de poderosa factura visual, que retrata la miseria y las tensiones de una comunidad vasca en los años treinta.

La lluvia cae sin descanso sobre Las ciegas hormigas (2026), y no parece dispuesta a conceder una tregua ni a los personajes ni al espectador. En ese paisaje de barro, penumbra y necesidad, Igor Legarreta construye un drama de supervivencia que encuentra en la oscuridad su mejor aliada. Adaptación de la novela homónima de Ramiro Pinilla, con guion del propio Legarreta junto a Andoni de Carlos, la película se adentra en un País Vasco de los años treinta donde el carbón vale casi tanto como el pan y la dignidad puede convertirse en un artículo de lujo.

Los rótulos iniciales sitúan la acción en una Bizkaia marcada por el pujante funcionamiento de los Altos Hornos de Vizcaya, motor económico de la zona y símbolo de una prosperidad que, como suele suceder, no alcanza a todo el mundo por igual. Mientras los barcos descargan carbón en la costa, muchas familias sobreviven entre privaciones y estrecheces. La paradoja está servida: la riqueza pasa ante sus ojos, pero el calor del hogar sigue siendo un privilegio. Cuando un barco extranjero encalla, algunos vecinos se organizan para recuperar el preciado combustible. No es exactamente una aventura de saqueadores, sino una operación de emergencia doméstica, con el invierno al acecho y la despensa haciendo horas extraordinarias para disimular su vacío.

En ese paisaje de penuria se mueve la familia Jáuregi, encabezada por Urko Olazábal e Itziar Ituño, acompañados por sus hijos y por los cuñados interpretados por Josean Bengoetxea y Miren Gaztañaga. La incursión nocturna en busca de carbón constituye el núcleo de una historia que, a medida que avanza, va dejando atrás cualquier apariencia de camaradería para internarse en un territorio mucho más áspero: el de la desconfianza, el resentimiento y la condena pública. Lo que comienza como una necesidad compartida termina convertido en un conflicto vecinal en el que la solidaridad tiene fecha de caducidad.
Legarreta organiza el relato en jornadas sucesivas, desde el sábado hasta el miércoles, y aprovecha esa estructura para dosificar la tensión. La noche del naufragio está filmada con notable eficacia. La lluvia, persistente y casi física, empapa los encuadres; los candiles recortan figuras inciertas y apenas permiten distinguir los movimientos entre las sombras. Dominan los marrones cerrados, los verdes turbios y una oscuridad que parece haberse instalado en las casas mucho antes de que caiga el sol. La fotografía no se limita a ilustrar la miseria: la hace visible, palpable, casi respirable. Aquí uno sospecha que hasta los fantasmas necesitarían un buen impermeable.

También resulta interesante el tratamiento del espacio. Legarreta filma a sus personajes subiendo y bajando por pendientes, atravesando caminos embarrados y descendiendo por una costa escarpada que parece poner a prueba cada paso. Los planos generales ensanchan el paisaje y empequeñecen a quienes lo habitan, como si la naturaleza impusiera sus propias condiciones a una existencia ya bastante castigada. Es una manera inteligente de contar sin necesidad de subrayar: frente a la inmensidad del entorno, el ser humano aparece reducido a su obstinación por seguir adelante.

La tragedia familiar añade un componente doloroso a esa lucha. La muerte de uno de los hijos, Fermín Jáuregui, marcado desde su nacimiento por problemas físicos, introduce una herida que agrava el desamparo de los protagonistas. Entretanto, la persecución de los carabineros, con Carlos Santos aportando la sequedad y el rigor de quien cumple su cometido sin demasiadas contemplaciones, convierte el carbón escondido en el centro de una pequeña guerra social. Los sacos pasan de mano en mano, se ocultan en el bosque y terminan bajo los desechos del corral. La supervivencia exige a veces soluciones poco elegantes, aunque la película deja claro que la moral de quienes nunca han pasado frío suele ser bastante más cómoda que la de quienes necesitan calentarse.

El descubrimiento del combustible y la reacción de los vecinos conducen a uno de los pasajes más tensos del relato. La familia, acusada de traicionar una suerte de pacto tácito, queda expuesta a la hostilidad colectiva. La camaradería se transforma en linchamiento moral y la necesidad ajena se convierte en motivo de sospecha. Legarreta describe con crudeza esa facilidad con la que una comunidad castigada puede terminar descargando su rabia sobre los más próximos, especialmente cuando alguien parece haber conseguido una ventaja en medio de la desgracia general.

El reparto responde con convicción a las exigencias de este universo sombrío. Urko Olazábal sostiene el peso del relato con una presencia recia, mientras Itziar Ituño aporta determinación y Josean Bengoetxea encaja bien en el entramado familiar. Carlos Santos compone una autoridad de pocas palabras y gesto severo. Merece destacarse, asimismo, el trabajo de Unax Hayden, convincente y llamativo dentro de un conjunto que encuentra en la contención su principal virtud. Los personajes, sin embargo, aparecen a veces demasiado delimitados, con perfiles algo esquemáticos y una tendencia al arquetipo que resta complejidad a determinados conflictos. Se comprende lo que representan, aunque no siempre se alcanza a descubrir todo lo que esconden.

En su trayectoria, Legarreta ya había explorado otros registros con Cuando dejes de quererme (2018) y Todas las lunas (2020), esta última inclinada hacia lo fantástico. En ‘Las ciegas hormigas’ prescinde de ese componente, pero conserva una especial sensibilidad para los ambientes opresivos y los paisajes que parecen guardar secretos. El resultado es una película de notable personalidad estética, sostenida por una atmósfera que termina imponiéndose sobre algunas simplificaciones del guion.

Lo que queda, finalmente, es el retrato de una familia que intenta atravesar los días sin sucumbir al hambre ni a la presión de los demás. El carbón sirve de combustible para la historia, pero también para encender una reflexión sobre la desigualdad, la resistencia y las miserias de la convivencia. Porque cuando el invierno aprieta, la solidaridad puede calentarnos a todos; la envidia, en cambio, siempre encuentra la manera de dejar a alguien a la intemperie.

Reseña de José Manuel León Meliá

 

Inurri itsuak (2026)
Inurri itsuak poster Rating: N/A/10 (N/A votes)
Director: Igor Legarreta
Writer: Andoni de Carlos, Igor Legarreta, Ramiro Pinilla
Stars: Josean Bengoetxea, Patxi Bisquert, Daniel Cabrera
Runtime: N/A
Rated: N/A
Genre: Drama, Western
Released: 09 Oct 2026
Plot: When a storm destroys an English coal ship, Algorta villagers scramble for cargo. Sabas Jauregui sees a chance to survive winter, but his wife Josefa fears disaster. He ignores her warnings and takes their children into the storm.
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