Me gustan las películas de tiburones. Sobre todo aquellas que uno o varios personajes deben ingeniárselas para sobrevivir de los pavorosos ataques de un escualo. Pero la verdad todo tiene un límite y tendré que atinar al puntería para no estar más tiempo del debido errando el tiro. Me he equivocado; no lo volveré a hacer más.

Renny Harlin regresa una vez más a ese territorio cinematográfico que parece conocer de memoria: el del encargo eficaz, el entretenimiento funcional y la narrativa concebida para mantener la atención del espectador sin mayores ambiciones artísticas. Lejos quedan los tiempos de sus títulos más celebrados. En ‘Deep Water’ (2025), el director finlandés vuelve a demostrar que sigue siendo un artesano competente, capaz de resolver secuencias complejas con solvencia, aunque trabajando sobre un material dramático claramente limitado.

La película se suma a una tendencia cada vez más frecuente dentro del cine de supervivencia: la combinación entre accidente aéreo y amenaza marina. En este caso, un vuelo con destino a Shanghái se ve obligado a amerizar en pleno océano tras una serie de incidentes que desembocan en una catástrofe. Los supervivientes, lejos de encontrar un respiro, deberán enfrentarse a una manada de tiburones especialmente agresivos y sanguinarios.

El protagonista es Ben (Aaron Eckhart), un antiguo piloto de las Fuerzas Aéreas expulsado por una conducta inapropiada que intenta reconstruir su vida como primer oficial de una aerolínea comercial. A su lado viaja el capitán Rich (Ben Kingsley), un piloto experimentado, aficionado a los karaokes y con una visión desenfadada de las relaciones sentimentales. Paralelamente, Ben arrastra una preocupación personal de gran peso: la delicada enfermedad de su hijo, circunstancia que introduce el tema de las segundas oportunidades y la redención personal.

El guion dedica sus primeros compases a presentar a los pasajeros que posteriormente centrarán la acción. Lo hace, sin embargo, recurriendo a personajes excesivamente estereotipados: el pasajero irresponsable cuya negligencia desencadena parte de la tragedia, los niños, la persona mayor, el grupo de deportistas o las inevitables tensiones culturales entre algunos viajeros. Son figuras reconocibles desde su primera aparición y cuyo recorrido dramático resulta perfectamente previsible.

Donde la película alcanza sus mejores momentos es en la recreación del accidente. Harlin demuestra oficio durante la secuencia del amerizaje, construyendo una sensación de caos bastante efectiva. Los planos detalle de las butacas desprendiéndose de sus anclajes, los pasajeros proyectados por el impacto y la progresiva desintegración de la aeronave están narrados con claridad y ritmo. Sin alcanzar la intensidad de grandes referentes recientes del género, como por ejemplo, ‘La sociedad de la nieve’, de Juan Antonio Bayona, la secuencia posee suficiente fuerza visual para convertirse en lo más logrado del conjunto.

La parte menos convincente llega con la aparición de los tiburones. Diseñados digitalmente con una estética excesivamente sofisticada y exagerada, estos depredadores pierden buena parte de la amenaza que deberían transmitir. Sus movimientos son tan rápidos y ágiles que rozan lo fantástico; saltan, embisten y aparecen con una facilidad casi sobrenatural. Además, los efectos visuales evidencian constantemente las limitaciones presupuestarias de la producción. El uso del croma resulta visible en numerosas escenas y resta credibilidad a unas criaturas que, lejos de inspirar miedo, terminan pareciendo personajes de videojuego.

Paradójicamente, la película funciona mejor cuando se concentra en la supervivencia humana que cuando intenta explotar su vertiente más depredadora. Las relaciones entre los personajes, aunque esquemáticas, generan una tensión razonablemente efectiva, mientras que los ataques de los tiburones terminan cayendo en la repetición y la hipérbole.

Incluso hay espacio para algún guiño cinéfilo, como el personaje de una anciana que recuerda inevitablemente a la inolvidable nadadora interpretada por Shelley Winters en ‘La aventura del Poseidón’, de Ronald Neame. Son pequeños detalles que aportan cierta simpatía a un conjunto que, por lo demás, transita caminos muy conocidos.

En definitiva, ‘Deep Water’ es exactamente lo que parece: una película de catástrofes y supervivencia construida sobre un guion flojo, personajes poco desarrollados y efectos especiales discutibles. Sin embargo, también es una obra que sabe cuál es su objetivo y lo cumple con relativa eficacia. No exige demasiado al espectador ni pretende trascender los límites del entretenimiento más convencional. Rennie Harlin dirige prácticamente con piloto automático, pero su experiencia le permite mantener el relato en marcha y ofrecer algunos momentos de tensión bien resueltos. Un pasatiempo correcto para aficionados al género, aunque difícilmente memorable una vez aparecen los créditos finales.

Reseña de José Manuel León Meliá

 

 

Deep Water (2026)
Deep Water poster Rating: 6.9/10 (136 votes)
Director: Renny Harlin
Writer: Pete Bridges, Shayne Armstrong, S.P. Krause
Stars: Aaron Eckhart, Ben Kingsley, Angus Sampson
Runtime: 110 min
Rated: R
Genre: Action, Drama, Horror
Released: 01 May 2026
Plot: A group of international passengers en route from Los Angeles to Shanghai are forced to make an emergency landing in shark-infested waters. Now they must work together in hopes to overcome the frenzy of sharks drawn to the wreckage.
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