Me gustan las películas de tiburones. Sobre todo aquellas que uno o varios personajes deben ingeniárselas para sobrevivir de los pavorosos ataques de un escualo. Pero la verdad todo tiene un límite y tendré que atinar al puntería para no estar más tiempo del debido errando el tiro. Me he equivocado; no lo volveré a hacer más. Renny Harlin regresa una vez más a ese territorio cinematográfico que parece conocer de memoria: el del encargo eficaz, ...