
“Colorea mi noche” – La mentira es el camino más corto para no ser infeliz viviendo la realidad.
El título que le han dado a esta película en español, El arte del engaño, creo que, a pesar de su intento de introducir misterio y presentarla como un thriller, resulta menos acertado que el original, La Venus eléctrica. La película no pretende hablarnos tanto del engaño como de la ilusión, de esas mentiras piadosas que nos ayudan a mantener la esperanza o de las ficciones que alimentan nuestra ignorancia para evitar el dolor.
A veces, la mentira es el camino más corto para no ser infeliz ante la realidad.
La historia se desarrolla en dos escenarios: unas barracas de feria a las afueras de París y una casa señorial en el centro de la ciudad. También juega con dos tiempos distintos, entremezclando flashbacks de 1920 con acontecimientos posteriores, que van reconstruyendo poco a poco el pasado a través de los recuerdos y del contenido de un diario, hasta ayudarnos a comprender el presente.
Los personajes principales, cada uno con sus propias aristas y contradicciones, se mueven entre el engaño y el amor. Tenemos a un pintor que acaba de enviudar y se refugia en la bebida, a una feriante que se busca la vida como puede y a un ambicioso marchante de arte. A partir de la mitad de la película se incorporan otros dos personajes cuya identidad y participación conviene no desvelar para no destripar la trama.
A través de un drama salpicado de pinceladas de humor, la película reflexiona sobre la mentira, la manipulación, el sufrimiento que provoca el duelo, la amistad, la lealtad y la fidelidad, tanto hacia los amigos como hacia la pareja. Todo ello está envuelto en un encanto especial, porque aquí nadie es completamente malo. Cada personaje actúa movido por sus propias ambiciones, pero también es capaz de mostrar bondad, de proteger a los demás o de evitar hacer daño allí donde más duele.
En el fondo, todos buscan algo parecido: no tanto ser comprendidos como sentirse deseados y amados, encontrar a alguien que ilumine y dé color a sus noches. Anaïs Demoustier, Pio Marmaï y Gilles Lellouche interpretan sus respectivos papeles con solvencia y naturalidad, demostrando una vis cómica muy ajustada al tono de la película.
En su tramo final, la historia gana interés cuando aparece una nueva circunstancia amorosa que transforma el triángulo de personajes inicial en algo que podría desembocar en una especie de ménage à quatre. Cada uno tiene sus propias razones para amar, pero también para mentir, ocultar o disfrazar determinados aspectos de la realidad, ya sea ante una tercera persona o ante la propia persona amada. La película encuentra ahí un terreno especialmente fértil para explorar las contradicciones de los sentimientos y las pequeñas trampas que nos tendemos para intentar ser felices.
Uno de sus grandes atractivos está en los decorados, el vestuario y la ambientación de los años veinte. Las casetas de feria, el circo de los suburbios, los artistas y sus clientes están recreados con un gusto exquisito, hasta el punto de evocar aquellos objetos y recuerdos que uno podría encontrar olvidados en el trastero de los abuelos. Hay en toda esa reconstrucción un aire nostálgico que contribuye a dotar a la película de una personalidad propia.
También resulta muy interesante la recuperación de las formas de entretenimiento que fascinaban al público de aquella época: el ocultismo, las sesiones de espiritismo, las ferias ambulantes, el circo y los nuevos inventos eléctricos aplicados a la ilusión y la magia. Desfilan por la pantalla las actuaciones basadas en supuestos fenómenos extraordinarios y las curiosidades físicas que se exhibían en las ferias: la mujer barbuda, el hombre que escupe fuego, el forzudo o la mujer que ofrece un beso pasional y electrizante. Todo ese universo, a medio camino entre el espectáculo, la superchería y la fascinación por lo desconocido, está presentado con mucho encanto.
La película también sabe recrear el París de entreguerras, una ciudad en la que las artes plásticas gozaban de un creciente reconocimiento, aunque muchos artistas bohemios seguían viviendo en condiciones precarias. Pintores que apenas podían sobrevivir, modelos que terminaban convirtiéndose en amantes y que, a fuerza de posar para distintos artistas, adquirían conocimientos sobre pintura, pequeños estudios instalados en buhardillas y las grandes mansiones de los nuevos ricos conforman un retrato de época atractivo y lleno de matices.
En definitiva, La Venus eléctrica es una propuesta de buen entretenimiento, agradable y con personalidad, que combina drama, humor, romance y una deliciosa recreación de época. Una película que nos recuerda que la ilusión y el engaño pueden convertirse en refugios frente a una realidad demasiado dolorosa y que, en ocasiones, necesitamos creer en una pequeña mentira para seguir adelante.
Reseña de Angelsrup

| The Electric Kiss (2026) | |
|---|---|
![]() |
Rating: 6.6/10 (753 votes) Director: Pierre Salvadori Writer: Rebecca Zlotowski, Robin Campillo, Benjamin Charbit Stars: Pio Marmaï, Anaïs Demoustier, Gilles Lellouche Runtime: 122 min Rated: N/A Genre: Comedy, Romance Released: 12 May 2026 |
| Plot: A painter in 1928 Paris, unable to work since his wife's death, unknowingly participates in fake spiritualist shows staged by a carnival worker. As he regains his inspiration, she falls in love with the man she is deceiving. | |







Deja una respuesta