
Mafia y política.
En la Italia de los años setenta, un cadáver podía ser el principio de una investigación, pero también el principio de una pregunta mucho más incómoda: ¿quién decide dónde termina la justicia y dónde empieza el poder? Damiano Damiani convirtió esa pregunta en materia de thriller con ?Por qué asesinan a un magistrado? (1974), una película áspera, sinuosa y extraordinariamente representativa de aquel cine policíaco italiano que encontraba en el crimen una puerta de entrada a los males de toda una sociedad.
Damiani, uno de los grandes especialistas en fundir intriga criminal y radiografía política, vuelve a encontrarse aquí con Franco Nero, una de las asociaciones artísticas más fértiles de su carrera. Director y actor trabajaron juntos en al menos cinco películas, casi siempre alrededor de territorios donde la mafia, la corrupción, la violencia institucional y las miserias del poder se cruzan con el thriller. No son simplemente películas de policías y delincuentes: son crónicas negras de una Italia convulsa, relatos en los que un asesinato rara vez termina en el cadáver y casi siempre conduce hasta una estructura de poder.
La película arranca con una idea tan provocadora como eficaz. En Roma acaba de estrenarse una película dirigida por Giacomo Solari, personaje interpretado por Franco Nero, que recrea sin mencionarlo directamente la trayectoria del procurador Traini, un magistrado cuya actuación parece estar marcada por la arbitrariedad y la corrupción. La justicia, en sus manos, no funciona igual para todos: los poderosos pueden encontrar comprensión, mientras los débiles descubren con rapidez todo el peso de la ley.
La ficción cinematográfica provoca una reacción inmediata. Traini se siente aludido, pero decide no emprender acciones judiciales contra Solari. La razón, que irá adquiriendo forma a medida que avanza la historia, es mucho más inquietante que cualquier amenaza explícita: quizá lo más prudente sea no remover demasiado el pasado. Y cuando dentro de la película de Solari asesinan al magistrado, el público llega incluso a aplaudir. Damiani introduce así una incómoda reflexión sobre los límites de la denuncia y sobre la responsabilidad de quien convierte la realidad en espectáculo.
A partir de ahí, el director despliega un laberinto donde cada pasillo conduce a otro sospechoso. Solari empieza a investigar las circunstancias que rodean al magistrado y tropieza con una trama de corrupción política vinculada a dos senadores, un importante partido y la Banca Mediterránea. El dinero bancario aparece relacionado con la financiación clandestina de actividades políticas, mientras la mafia permanece agazapada alrededor de la operación. Entre sus tentáculos aparece Bellolampo, un poderoso capo enfermo que necesita una máquina de diálisis. En el universo de Damiani, hasta la enfermedad puede convertirse en una pieza de negociación.
Asesinado el magistrado en la película de Damiani, el misterio se complica todavía más con la aparición de la viuda de Traini, interpretada por Françoise Fabian, una mujer inicialmente hostil hacia Solari. Entre ambos se establece una relación cargada de sospechas, intereses y silencios. No hay aquí una convencional historia romántica que alivie la tensión del argumento: lo que existe es un pulso entre dos personajes que necesitan algo del otro y que saben que cualquier revelación puede resultar peligrosa.
Damiani añade además un periódico de izquierdas víctima de un atentado y convierte a Solari en un personaje moralmente incómodo. Su película ha sido un éxito, pero el entusiasmo del público ante la muerte ficticia del magistrado le obliga a enfrentarse a una pregunta perturbadora: ¿hasta qué punto una obra que denuncia la violencia puede terminar alimentándola? El cineasta deja de ser únicamente investigador y pasa a sentirse, en cierta medida, responsable de aquello que ha provocado.
Entre diálogos afilados y continuos cambios de dirección aparece una de las ideas más estimulantes del filme: “Todo ciudadano tiene derecho a juzgar a sus jueces”. Una frase que resume buena parte de la película y que Damiani utiliza para cuestionar la relación entre justicia, poder y ciudadanía. Si quienes administran justicia pueden equivocarse, actuar con prejuicios o utilizar de manera desigual el poder que tienen en sus manos, la sociedad también tiene derecho a examinar y discutir sus actuaciones.
¿Por qué asesinan a un magistrado? funciona precisamente porque no se conforma con resolver un crimen. Es un thriller de pesquisas, asesinatos, persecuciones, falsos culpables y mafiosos, pero bajo esa maquinaria de género late una auténtica crónica sociológica de la Italia de su tiempo. Damiani filma un país donde la política, la banca, la justicia, la prensa y el crimen organizado parecen compartir una misma habitación.
Franco Nero aporta la sobriedad necesaria para conducir semejante maraña sin perder el rumbo. No necesita grandes alardes: su Solari avanza entre documentos, sospechas y amenazas con la obstinación de quien sabe que cada respuesta abre una pregunta nueva. Y detrás de la cámara, Damiani demuestra una vez más su habilidad para convertir el policíaco en un instrumento de observación social.
Vista hoy, la película conserva el nervio de aquel poliziesco italiano y, sobre todo, su voluntad de mirar debajo de las alfombras. Puede haber envejecido en algunos mecanismos narrativos, pero no en su desconfianza hacia quienes administran el poder. Esa es quizá su mayor virtud: detrás del asesinato de un magistrado no hay solamente un asesino que encontrar, sino todo un sistema que interrogar.
Reseña de José Manuel León Meliá

| How to Kill a Judge (1975) | |
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Rating: 6.7/10 (684 votes) Director: Damiano Damiani Writer: Damiano Damiani, Fulvio Gicca Palli, Enrico Ribulsi Stars: Franco Nero, Françoise Fabian, Pierluigi Aprà Runtime: 110 min Rated: Not Rated Genre: Crime, Drama Released: 05 Feb 1975 |
| Plot: A filmmaker's popular movie about a corrupt judge who is killed by the Mafia seemingly foretells the murder of a magistrate who orders the film's seizure. | |







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