
Me gustan las piezas con trama de intriga y suspense en las que dos personajes confrontados y situados en bandos opuestos sienten admiración el uno por el otro. En el polar francés esta afinidad se daba cuando policía y criminal ponían de relieve sus diferencias pero respetaban a ojos cerrados sus astucias y perseverancias. En la película que me ocupo convierte al delincuente en un personaje fascinante sin necesidad de justificar sus actos. ‘L’affaire Bujarski’ (2025), en España, ‘La copia perfecta’, dirigida por Jean-Paul Salomé, a quien se le deben trabajos como, ‘La Daronne’ (2020), ‘La Syndicaliste’ (2022), ambas interpretadas por Isabelle Huppert, pertenece a esa estirpe de relatos en los que la inteligencia, la obsesión y el talento resultan tan poderosos como el propio delito. Inspirada en la historia real del falsificador de origen polaco Jan Bujarski (Reda Kateb), la película construye un sólido thriller criminal que encuentra en la precisión de su puesta en escena y en la riqueza de su protagonista sus mayores virtudes.
El filme arranca con un espectacular golpe a un furgón del Banco de Francia en 1951. Un tiroteo con varias víctimas deja claro desde el primer minuto que el negocio de la falsificación puede desembocar en la violencia más descarnada. Sin embargo, ese episodio sirve sobre todo para definir al protagonista: Jan comprende que ese no es su mundo. Él no es un atracador ni un pistolero. Es un artesano. Un perfeccionista que prefiere trabajar en soledad, convencido de que el verdadero éxito reside en no dejar rastro.
A partir de ahí, Salomé retrocede en el tiempo para reconstruir la trayectoria de este ingeniero polaco refugiado en Francia tras la Segunda Guerra Mundial. La película introduce un interesante trasfondo social al mostrar cómo su condición de extranjero limita sus oportunidades profesionales. Sus ingeniosos inventos —desde una estilográfica con depósito de tinta hasta ingeniosos mecanismos hidráulicos— son ignorados por una sociedad que sigue viéndolo como un inmigrante antes que como un inventor. Esa frustración acabará empujándolo hacia un talento mucho menos legal: la falsificación de billetes.
Lo más interesante del guion es que evita presentar a Jan como un simple criminal. Es un hombre obsesionado con la perfección, meticuloso hasta el extremo y orgulloso de su trabajo. Incluso deja en sus falsificaciones una suerte de firma invisible, un gesto casi artístico con el que aspira al reconocimiento que nunca obtuvo como ingeniero. En el fondo, más que enriquecerse, desea demostrar que es el mejor.
Frente a él aparece el comisario Matéi (Bastien Bouillon), paciente investigador que durante años intenta descubrir la identidad de un falsificador del que apenas existen pistas. Entre ambos se establece una relación a distancia que recuerda a los grandes duelos clásicos entre policía y delincuente, basada más en la inteligencia y la perseverancia que en la acción constante. El desenlace, cuando ambos llegan finalmente a encontrarse, posee una serenidad poco habitual en este tipo de historias.
La película también dedica espacio a las consecuencias familiares de esa doble vida. Suzanne (Sara Giraudeau), la esposa de Jan, ignora durante años la verdadera procedencia del dinero que sostiene el hogar. Mientras él se encierra en un taller clandestino cada vez más sofisticado, sus hijos apenas saben en qué trabaja su padre. Esa existencia marcada por el secreto termina erosionando el matrimonio y acentúa la dimensión humana del personaje.
Otro de los grandes aciertos de Salomé reside en la estructura narrativa. La historia avanza siguiendo las sucesivas emisiones y renovaciones de los billetes franceses, obligando al falsificador a perfeccionar continuamente su técnica para mantenerse un paso por delante de las autoridades. Paralelamente, los trenes y las estaciones adquieren un notable valor simbólico: son el medio que permite a Jan distribuir sus billetes y, al mismo tiempo, representan el constante movimiento de un hombre incapaz de encontrar un lugar definitivo en la sociedad que lo acogió.
Visualmente, La copia perfecta destaca por una magnífica recreación de la Francia de posguerra. La fotografía, la dirección artística y el cuidado vestuario envuelven el relato en una atmósfera elegante y contenida que rehúye el exceso visual para apostar por una puesta en escena de corte clásico. Esa sobriedad beneficia a una narración que nunca pierde el pulso ni la tensión a lo largo de sus más de dos horas de metraje.
El desenlace resulta especialmente significativo. Jan no cae por un error propio, sino por la torpeza de un colaborador incapaz de igualar su disciplina, encarnado por el truhán de Pierre Lottin. Cuando finalmente es condenado, los periódicos comienzan a llamarlo «el Cézanne de los falsificadores». Y es entonces cuando aparece uno de los gestos más reveladores de la película: la satisfacción contenida con la que lee esos titulares. Después de toda una vida buscando reconocimiento, lo encuentra precisamente por aquello que nunca quiso que definiera su existencia
.
Jean-Paul Salomé firma un thriller elegante, absorbente y muy bien construido. Más allá del relato policial, La copia perfecta habla del orgullo profesional, del desarraigo, de la obsesión por la excelencia y de la necesidad de ser reconocido. Una historia basada en hechos reales que demuestra que, en ocasiones, la mejor intriga nace de los personajes y no únicamente de los delitos que cometen.
Reseña de José Manuel León Meliá

| L'Affaire Bojarski (2026) | |
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Rating: N/A/10 (N/A votes) Director: Jean-Paul Salomé Writer: Bastien Daret, Jean-Paul Salomé Stars: Pierre Lottin, Sara Giraudeau, Bastien Bouillon Runtime: N/A Rated: N/A Genre: Drama Released: 14 Jan 2026 |
| Plot: A Polish engineer relocates to France and becomes a legendary counterfeiter. Working solo, he crafts flawless fake francs worth millions over 14 years, earning the nickname "Cézanne of counterfeit money" for his artistic skill and... | |







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