
Hay nombres que, por sí solos, elevan las expectativas de cualquier estreno. Ridley Scott es uno de ellos. El director británico ha construido, desde finales de los años setenta, una filmografía tan extensa como irregular, pero salpicada de títulos fundamentales: ‘Los duelistas’, ‘Alien’ o ‘Thelma y Louise’ bastarían para asegurarle un lugar privilegiado en la historia del cine comercial contemporáneo.
Por eso resulta inevitable acercarse a La constelación del perro (The Dog Star) esperando algo más que una correcta aventura posapocalíptica. La película, basada en la novela de Peter Heller y adaptada por Mark L. Smith y Christopher Wilkinson, tiene una premisa atractiva, un reparto de primer nivel y unos paisajes magníficos. Sin embargo, el resultado acaba siendo bastante más rutinario de lo esperado.
Scott sabe filmar. Eso nunca ha estado en discusión. Incluso en sus trabajos menos inspirados conserva la capacidad de ordenar una secuencia, administrar el espacio y mantener cierto pulso narrativo. Pero aquí su personalidad visual apenas aparece. ‘La constelación del perro’ parece dirigida con una eficacia casi automática, como si el veterano cineasta hubiera dejado que el oficio sustituyera a la inspiración.
La historia nos sitúa en un mundo devastado por una pandemia provocada por un virus febril que ha reducido drásticamente la población. En las inmediaciones de Denver, Colorado, Hig—interpretado por el emergente Jacob Elordi— sobrevive junto a un personaje encarnado por Josh Brolin. Son una pareja peculiar: uno pilota avionetas, repara motores y realiza incursiones en busca de suministros; el otro vigila el horizonte con su rifle, curtido, desconfiado y preparado para cualquier amenaza.
El paisaje es uno de los grandes atractivos de la película. Bosques, ríos, montañas y grandes extensiones abiertas convierten Colorado en un escenario visualmente poderoso. Hay momentos en los que la película parece prometer una reflexión melancólica sobre la soledad, la supervivencia y la pérdida. Pero esa promesa se diluye demasiado pronto entre persecuciones, amenazas y mecanismos narrativos bastante previsibles.
Josh Brolin es, probablemente, el intérprete más sólido del conjunto. Su personaje tiene presencia, ironía y ese aire de superviviente veterano que parece haberlo visto todo. El vestuario y la construcción física del personaje funcionan especialmente bien: un hombre medio hippie, medio cazador, experto en defenderse y plenamente consciente de que en ese mundo quien baja la guardia está perdido.
Jacob Elordi cumple con solvencia como protagonista, aunque su personaje queda condicionado por un guion que explora su dolor de forma bastante convencional. Hig arrastra la muerte de su mujer y los recuerdos de una vida anterior que conocemos mediante pequeños flashbacks. Son escenas destinadas a explicar su trauma, pero no siempre consiguen aportar una profundidad emocional real.
La llegada de Margaret Qualley introduce una dimensión romántica y una nueva posibilidad de futuro. Su personaje aparece avanzada la película y establece con Hig una relación que rompe, al menos momentáneamente, la monotonía del relato. También Guy Pearce aporta su habitual capacidad para transmitir recelo y ambigüedad.
La película introduce además a los llamados Segadores, una amenaza constante que permite a Scott acercarse tímidamente al territorio de la persecución y la acción motorizada. Hay incluso algún momento que recuerda, de lejos, al universo de ‘Mad Max’. Pero la comparación con George Miller resulta inevitablemente desfavorable: donde Miller encuentra furia, energía y una estética desatada, Scott ofrece aquí una acción mucho más convencional.
Uno de los episodios más llamativos se desarrolla en Grand Junction, un supuesto refugio que termina revelándose como una trampa grotesca y turbia. Allí aparece uno de los personajes más excesivos y memorables de la película, una sórdida y granguiñolesca mujer ataviada como una azafata encarnada por la aboserbente Allison Janney: una figura de carácter desbordante, cruel y extravagante, construida a partir de un vestuario agresivo, maquillaje exagerado y una personalidad sencillamente venenosa.
‘La constelación del perro’ no es un desastre. Se deja ver, tiene buenos actores y ofrece algunos momentos de aventura razonablemente entretenidos. El problema es que detrás de todo ello se percibe una película sin demasiada ambición, con una narrativa convencional y un guion que no termina de explotar las posibilidades de su premisa.
Ridley Scott demuestra, una vez más, que conoce perfectamente el oficio. Pero también parece confirmar que incluso los grandes directores pueden atravesar etapas de cierta fatiga creativa. Aquí no hay grandes errores, pero tampoco grandes hallazgos. Todo está en su sitio, todo funciona más o menos correctamente y, sin embargo, pocas cosas permanecen en la memoria.
Una película profesional, entretenida y visualmente cuidada, pero demasiado soñolienta para un mundo que, en teoría, está al borde del abismo.
Reseña de José manuel León Meliá

| The Dog Stars (2026) | |
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Rating: 6.5/10 (10,215 votes) Director: Ridley Scott Writer: Mark L. Smith, Peter Heller Stars: Jacob Elordi, Margaret Qualley, Josh Brolin Runtime: 118 min Rated: R Genre: Action, Adventure, Drama Released: 28 Aug 2026 |
| Plot: In a post-apocalyptic world, a virus wipes out humanity. Survivors face roaming scavengers called Reapers. Protagonist Hig, a pilot, survived the flu but lost his wife. | |







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