
El cine de terror español continúa explorando uno de sus escenarios predilectos: los conventos. Oscuridad, superstición, fanatismo religioso, pasillos inquietantes y monjas de mirada sospechosa forman parte de un imaginario que ha dado grandes títulos, pero también un buen número de propuestas que se limitan a repetir fórmulas. El convento, dirigida por el tándem formado por Luis Galindo y Ángel M. Chivite, pertenece, por desgracia, a este segundo grupo.
La película se presenta con un reclamo tan irresistible como manido: «inspirada en hechos reales». Tras unos breves instantes iniciales en los que una joven aparece tendida sobre una mesa de piedra gritando como una auténtica posesa, el relato nos traslada a la Navarra de 1750. El contexto es perfecto para un relato de terror religioso: siglo XVIII, oscurantismo, superstición y una fe capaz de convertir cualquier anomalía en un milagro.
Ese supuesto milagro llega muy pronto. Durante una misa, Augusta, una de las religiosas del convento, comienza a llorar sangre ante la mirada atónita de los fieles. El fenómeno despierta una enorme devoción popular y sirve como punto de partida para la llegada de Lucía (María Mercado), una joven profundamente creyente que ingresa como postulante convencida de que está llamada a cumplir la voluntad divina.
Junto a ella, poco tiempo después, también entra Ana María (Nahia Bergasa), aunque por razones muy distintas. Rechazada por su familia tras denunciar los abusos de su padrastro —que finalmente nunca llegó a consumar la violación—, encuentra en el convento el único refugio posible. Su fe es mucho más frágil, pero también su mirada resulta mucho más crítica, lo que terminará convirtiéndola en la auténtica conciencia del relato.
Durante buena parte del metraje, ‘El convento’ funciona como tantas otras películas de clausura: novicias aprendiendo las normas del convento, silencios, rezos y misteriosas advertencias. Augusta, que ha perdido la vista, y tiene los ojos en blanco (¡Uy qué miedo!), lanza una frase que resume bastante bien la atmósfera del filme: «Hay que escuchar a las paredes». Es la señal de que, tarde o temprano, el terror acabará abriéndose paso.
Y así ocurre. Poco a poco descubrimos que bajo los hábitos no se esconde (la sorpresa llegará más adelante) precisamente una comunidad dedicada a la contemplación espiritual, sino una especie de secta entregada a rituales satánicos y ceremonias destinadas a invocar a Belcebú. La superiora Águeda, interpretada con autoridad por Ana Álvarez, dirige estos macabros ritos con mano firme mientras espera la llegada de la luna llena para culminar el sacrificio.
Las semejanzas con ‘La semilla del diablo’ (me ha costado invocarla, pero la referencia es muy rotunda y manoseada) son evidentes, especialmente cuando Lucía es drogada mediante pócimas y acaba siendo fecundada por una entidad demoníaca. Sin embargo, la comparación juega completamente en contra de la película. Pretender acercarse al clásico de Roman Polanski es una empresa demasiado ambiciosa, y ‘El convento’ nunca encuentra la personalidad suficiente para sostener semejante referencia.
Ana María será quien descubra la verdadera naturaleza de cuanto sucede entre aquellos muros e intente impedir que el ritual continúe. Cuando se revela que ella también es virgen, pasa a convertirse en la siguiente candidata para los planes de la comunidad satánica, obligando a las dos jóvenes protagonistas a unir fuerzas para enfrentarse a una jerarquía fanática que ha sustituido la fe por el culto al Maligno.
El problema es que nada de esto consigue provocar auténtica inquietud. La película avanza por caminos excesivamente previsibles y da la sensación de reciclar situaciones, imágenes y recursos vistos infinidad de veces en el cine de terror religioso. Hay posesiones, rituales, símbolos satánicos, embarazos demoníacos y conspiraciones entre los muros del convento, pero pocas sorpresas.
Visualmente cumple sin deslumbrar y el reparto hace un trabajo digno dentro de unos personajes que apenas evolucionan más allá de los arquetipos habituales. Todo resulta funcional, aunque también tremendamente rutinario.
Es cierto que la historia apuesta claramente por un protagonismo femenino y plantea una lectura sobre la opresión ejercida sobre las mujeres dentro de determinadas estructuras de poder. Sin embargo, ese discurso queda diluido entre una acumulación de lugares comunes del género que terminan por restarle fuerza.
En definitiva, ‘El convento’ acaba siendo una película de terror correcta en su factura, pero demasiado convencional para destacar dentro de un subgénero que lleva años explotando los mismos demonios. Mucho hábito, mucho Belcebú y mucha liturgia satánica… pero muy pocos sobresaltos. Y en una película de terror, eso sí que es un auténtico pecado.
Reseña de José Manuel León Meliá

| El Convento (2025) | |
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Rating: N/A/10 (N/A votes) Director: Ángel Manuel Chivite, Luis Galindo Writer: Ángel Manuel Chivite, Jesús Córdoba Acarreta, Luis Galindo Stars: Ana Álvarez, Alfonsina Carrocio, Alessandra Borgia Runtime: N/A Rated: N/A Genre: Horror, Thriller Released: N/A |
| Plot: N/A | |







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