
El verano, apoteósica estación anual repleta de excitación y locura, que parece pedir a gritos que algo se desate. Una casa junto al mar, una piscina, cuerpos jóvenes con poca ropa, una pareja dispuesta a disfrutar de unos días de tranquilidad y, por si fuera poco, una mudanza que deja habitaciones medio vacías y cajas por todas partes. Es decir, todos los ingredientes para que la cosa se ponga interesante. Y, sin embargo, en ‘Días de agosto’ (2026), Chema de la Peña, parece empeñado en que el incendio no pase nunca de la cerilla.
El director salmantino ha frecuentado con notable presencia el terreno documental, desde Un cine como tú en un país como este hasta sus trabajos vinculados a Mario Vargas Llosa y su mítica novela ‘La ciudad y los perros’, además de su reciente acercamiento a la cantautora española Cecilia. También ha demostrado en la ficción que sabe moverse por la reconstrucción histórica y el thriller. Aquí cambia de registro y se mete en un territorio mucho más íntimo: el de una pareja joven, las tentaciones del verano, los secretos familiares y esa peligrosa frontera entre la fidelidad y el deseo.
La película arranca con Juan (Pau Simón) y Gaby, o Gabriela (Berta Galo), instalándose en un chalet cercano a la playa. Piscina, calor, habitaciones, recuerdos de infancia y una cierta sensación de empezar de nuevo. Hay incluso una mudanza que funciona como metáfora bastante transparente de lo que está por venir: mover muebles, vaciar espacios, recolocar recuerdos y, de paso, intentar recolocar la propia vida.
Juan vuelve a la habitación de su infancia y allí, junto a Gaby, se entrega al entusiasmo propio de una pareja joven que cree tener el verano entero por delante. Todo parece preparado para que ‘Días de agosto’ se convierta en una película de cuerpos, deseo y descubrimientos. Pero entonces aparecen Fernando (Roberto Álamo), el padre de Juan, y Mónica (Maggi Civantos), su pareja. Adiós a la intimidad. Cuatro personas en una casa donde, al parecer, dos ya empiezan a sobrar.
Y ahí debería comenzar la fiesta.
El problema es que la película parece saber demasiado pronto adónde quiere ir y, peor todavía, nos lo cuenta prácticamente todo antes de llegar. Desde el primer momento en que aparece Mónica resulta sencillo imaginar que Juan va a sentirse atraído por ella. Mónica tiene sensualidad, presencia y una manera de ocupar el espacio que convierte a su personaje en una tentación evidente. Juan mira, Mónica se deja mirar, Gaby empieza a sospechar y Fernando parece estar viviendo en otra película.
La situación tiene potencial. Mucho. Dos parejas encerradas en una casa, vínculos familiares, deseos cruzados, antiguos rencores, una piscina y un verano que debería favorecer la pérdida de control. Pero Chema de la Peña se queda a medio camino. La película insinúa, sugiere, deja la puerta entreabierta… y luego parece acordarse de que tiene que cerrarla con llave. El estilo del realizador tiene preservativo. No empapa.
Lo más curioso es que, cuando ‘Días de agosto’ se acerca al terreno de la sensualidad, uno espera que finalmente se produzca el salto. Que alguien se equivoque de verdad. Que alguien pierda la cabeza. Que el deseo provoque una catástrofe. Pero no. Todo está excesivamente medido. Hay pulsión, sí; hay miradas, aproximaciones y encuentros furtivos; hay momentos en los que Juan y Mónica parecen estar a punto de saltar por encima de todas las convenciones. Pero la película nunca termina de lanzarse a la piscina. Y mira que tiene una delante.
En ese sentido, Berta Galo es probablemente la gran sorpresa del reparto. Su Gaby tiene una mezcla de fragilidad, belleza y determinación que hace fácil comprender su enfado cuando percibe que Juan está perdiendo el norte por Mónica. Galo consigue que el personaje tenga vida propia y no sea simplemente la novia que espera a que el protagonista cometa una estupidez.
También están muy bien Maggi Civantos y Pilar Castro. El peso de los personajes femeninos acaba siendo, curiosamente, uno de los grandes atractivos de la película. Civantos dota a Mónica de una sensualidad que nunca necesita subrayados gruesos, mientras que Castro, como Carmen, la exmujer de Fernando, consigue sacar bastante partido de un personaje secundario. Si hay algo que Días de agosto deja claro es que sus actrices están bastante más despiertas que buena parte de la película.
Otro elemento interesante es el mundo literario que rodea a los personajes. Fernando y Mónica trabajan en empresas editoriales rivales y todos, de una manera u otra, tienen relación con la escritura, los libros o las aspiraciones literarias. Es un territorio que podría haber dado bastante más juego: personajes que viven de descubrir talentos mientras ellos mismos dejaron hace tiempo sus propios sueños de escribir por el camino.
Pero tampoco termina de arrancar.
Incluso cuando la película intenta cargar de simbolismo determinadas situaciones, el resultado resulta demasiado evidente. La escena de pesca, con Fernando y Juan enfrentándose por un pez que han conseguido sacar del agua, pretende convertirse en una especie de combate soterrado entre padre e hijo, una disputa de poder, virilidad y territorio. El problema es que el pez parece llevar escrito en la escama lo que significa la escena. Cuando una metáfora necesita tantas explicaciones, quizá deja de ser metáfora para convertirse en cartel luminoso.
Lo mismo sucede con buena parte de los conflictos. Días de agosto habla de los celos, de la pareja, de las miserias sentimentales, de la atracción por lo prohibido y de ese momento en que uno empieza a preguntarse si ha elegido bien la vida que tiene. Son asuntos perfectamente válidos y, de hecho, inagotables. El problema es que aquí aparecen demasiado domesticados.
La película podría haber sido sensual, erótica, divertida, cruel o incluso directamente desmadrada. Tenía material para ello. Sin embargo, se queda en una especie de verano de autor con el freno de mano puesto. Hay cuerpos, pero falta fiebre. Hay deseo, pero falta vértigo. Hay conflicto, pero pocas veces auténtica combustión.
Y eso termina resultando decepcionante porque la película promete bastante más de lo que finalmente entrega.
No hacía falta convertir ‘Días de agosto’ en una orgía cinematográfica ni en un catálogo de provocaciones. Bastaba con que sus personajes se equivocaran de una manera menos previsible. Que el deseo tuviera consecuencias verdaderamente incómodas. Que la historia se atreviera a romper alguna vajilla, aunque fuera metafóricamente. Pero Chema de la Peña parece preferir mantenerlo todo perfectamente colocado, como si alguien hubiera dejado las cajas de la mudanza sin desembalar porque todavía no sabe muy bien qué hacer con ellas.
Y ahí está, quizá, el principal problema de la película: que apunta hacia una película más peligrosa de la que finalmente se atreve a ser.
No es Éric Rohmer, porque le falta esa ligereza venenosa con la que el francés podía convertir una conversación aparentemente banal en una bomba de relojería. Tampoco es Bergman, porque los conflictos interiores rara vez alcanzan aquí esa profundidad que convierte las relaciones personales en auténticos abismos. Y desde luego tampoco tiene la chispa juguetona, neurótica y burlona de Woody Allen, que habría sacado petróleo de cuatro escritores, dos parejas, una casa junto al mar y una cantidad considerable de deseo mal administrado.
‘Días de agosto’ se queda, por tanto, en la orilla. Y lo peor es que la orilla tenía buena pinta.
Hay interpretaciones apreciables, especialmente las femeninas; hay una atmósfera veraniega bien aprovechada; hay un interesante juego con los libros, las mudanzas, los recuerdos y los deseos que se cruzan. Pero el conjunto resulta demasiado previsible, demasiado prudente y dramáticamente bastante más pobre de lo que sus premisas hacían esperar.
Chema de la Peña tenía entre manos una película que podía arder. Ha preferido mantenerla templada.
Mucho agosto, bastante piscina y poca pólvora.
Reseña de José Manuel León Meliá

| Días de agosto (2026) | |
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Rating: N/A/10 (N/A votes) Director: N/A Writer: N/A Stars: N/A Runtime: N/A Rated: N/A Genre: N/A Released: 26 Jun 2026 |
| Plot: A young couple's seaside summer getaway is thrown into turmoil by the sudden arrival of his father and her young partner, unleashing hidden desires and tensions that lead to life-altering choices. | |





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