La directora Alice Rohrwacher, igual que hizo en la peculiar Lazzaro feliz (2018), continúa reivindicando la esencia de los clásicos del cine italiano. La fórmula empleada ahora guarda bastantes similitudes con la de aquel premiado filme y los reconocimientos obtenidos han sido similares. Algunos elementos heredados del neorrealismo se fusionan con detalles surrealistas y notas costumbristas; todo ello acicalado por unos ligeros tonos poéticos. Esta vez nos habla de las obsesiones y los recuerdos sentimentales imperecederos a ...