Hay directores que encuentran un territorio y lo convierten en su hogar creativo. Ese es el caso del argentino Juan Taratuto, un cineasta que lleva más de dos décadas indagando, casi siempre desde la comedia romántica, en los conflictos sentimentales, los enredos amorosos y esa eterna guerra de sexos que tantas alegrías ha dado al cine. Desde ‘No sos vos, soy yo’ (2004), la película que lo situó definitivamente en el mapa, pasando por ‘Papeles en el viento’ (2015) o ‘Me casé con un boludo’ (2016), Taratuto ha demostrado una notable habilidad para combinar humor, ironía y una mirada bastante lúcida sobre las relaciones de pareja.

‘Nada entre los dos’ no supone una ruptura con ese universo, sino más bien una prolongación natural de sus obsesiones. Tampoco pretende reinventar un género que lleva décadas contando historias de infidelidades y amores prohibidos. Lo que hace es narrarlas con honestidad, simpatía y un tono ligero que consigue que el espectador entre en el juego casi desde el primer minuto.

La película comienza con una escena que despierta inmediatamente la curiosidad. Un hombre y una mujer hablan por teléfono desde habitaciones distintas de un hotel. Ella adopta una actitud provocadora —aunque él no puede verla— mientras ambos intercambian insinuaciones cargadas de tensión sexual. Una canción que suena de fondo, con un estribillo que invita a la amistad y a la ayuda mutua, anticipa el que será el verdadero leitmotiv de la historia. A continuación, el relato retrocede dos días para explicar cómo han llegado hasta ese momento.

Los protagonistas pertenecen a mundos completamente diferentes. Guillermo, interpretado por Gael García Bernal, parece tener una vida resuelta: está casado, tiene un hijo y trabaja en una poderosa corporación industrial vinculada a una familia adinerada. Todo parece funcionar a la perfección… al menos en apariencia.

En el otro extremo se encuentra Mechi, a quien da vida una magnífica Natalia Oreiro, una actriz que vuelve a demostrar ese desparpajo y esa naturalidad que siempre la han caracterizado. Su personaje sostiene prácticamente sola el peso de la economía familiar mientras convive con un marido encantador pero absolutamente incapaz de sacar adelante ninguno de sus delirantes proyectos empresariales. Interpretado con enorme simpatía por Peto Menahem, representa al eterno optimista que vive instalado en el fracaso sin perder jamás el buen humor. Una especie de Peter Pan.

Ambos coinciden en Baja California, México, durante una reunión de emergencia de la multinacional para la que trabajan. Una intoxicación provocada por unas conservas comercializadas en Colombia amenaza con convertirse en una grave crisis empresarial y bursátil. Las reuniones, los informes y las estrategias para controlar los daños sirven como telón de fondo de una historia que, en realidad, nunca deja de ser íntima. Incluso aparece ese interesante apunte sobre el papel de ciertos medios de comunicación, más preocupados por proteger la imagen de las grandes corporaciones que por ofrecer una información verdaderamente incómoda.

Pero el auténtico motor de la película está lejos de las salas de juntas. Entre reunión y reunión, Guillermo y Mechi descubren que comparten mucho más que un problema laboral. Ambos arrastran importantes carencias afectivas. Sus matrimonios se encuentran en punto muerto y la sensación de insatisfacción resulta evidente. Ella incluso contempla seriamente el divorcio; él vive atrapado en una existencia acomodada que ya no parece hacerle feliz.

La atracción termina desembocando en una apasionada aventura que Taratuto filma sin excesos melodramáticos. Más que centrarse en el componente físico de la relación, le interesa mostrar cómo dos personas que sienten un profundo vacío encuentran durante unos días un refugio emocional en el otro. Los diálogos, uno de los puntos fuertes de la película, resultan naturales, sinceros y ayudan a construir una química muy creíble entre los protagonistas.

Es cierto que el argumento no descubre nada nuevo. El cine ha contado infinidad de historias sobre amantes circunstanciales, matrimonios agotados e infidelidades nacidas al calor de un viaje de trabajo. Sin embargo, ‘Nada entre los dos’ consigue que ese material tan transitado respire cierta frescura. No porque reinvente las reglas, sino porque evita el artificio y apuesta por personajes reconocibles, imperfectos y emocionalmente vulnerables.

La película alterna con habilidad la comedia, el romance y un ligero trasfondo de crítica al mundo empresarial sin perder nunca su vocación de entretenimiento. Todo fluye con naturalidad, sostenido por dos interpretaciones muy sólidas, especialmente la de Natalia Oreiro, que dota a Mechi de una mezcla de fortaleza, sensualidad y fragilidad realmente convincente.

Puede que ‘Nada entre los dos’ no sea la obra más ambiciosa ni la más original de Juan Taratuto, pero sí confirma una vez más su talento para observar las contradicciones del amor contemporáneo desde una perspectiva cercana, irónica y profundamente humana. Es una película amable, emotiva y agradable de ver, que demuestra que incluso los temas más manidos pueden seguir funcionando cuando detrás hay personajes bien construidos y un director que sabe cómo acercarse a ellos sin caer en el cinismo ni en el sentimentalismo fácil.

Reseña de José manuel León Meliá

 

Nada entre los dos (2026)
Nada entre los dos poster Rating: N/A/10 (N/A votes)
Director: Juan Taratuto
Writer: Matías Scartascini, Juan Taratuto
Stars: Gael García Bernal, Natalia Oreiro, Peto Menahem
Runtime: N/A
Rated: N/A
Genre: Comedy, Romance
Released: N/A
Plot: N/A
Calificación: