Paolo Virzì vuelve a demostrar en ‘Cinco segundos’ (2026) que sigue siendo uno de los grandes narradores del cine italiano contemporáneo. Veterano, prestigioso y dueño de una filmografía tan popular como respetada, el director de ‘Las noches mágicas’ (2018), El viaje de sus vidas (2017), ‘Locas de alegría’ (2016) o ‘El capital humano’ (2013), ha construido una carrera reconocible por su capacidad para mezclar personajes carismáticos, heridas sentimentales y una cierta desolación de fondo con un cine accesible, cercano y profundamente humano.

Virzì suele arrancar desde premisas de considerable voltaje dramático para, poco a poco, rebajar la solemnidad y dejar entrar el aire, la ironía, la música y la vida. Su cine tiene esa capacidad para pasar de la tragedia al calor humano sin que el cambio resulte artificial. ‘Cinco segundos’ responde plenamente a ese espíritu: un drama sobre la culpa y la pérdida que termina encontrando, entre el barro y las ruinas de una vieja propiedad, una especie de alivio emocional.

La película se abre en invierno, con Adriano (Valerio Mastandrea) instalado en las caballerizas de la villa Guelfi. El lugar habla por él. La vivienda está descuidada, hay goteras, reina el desorden y todo transmite abandono. Adriano vive prácticamente escondido del mundo, rechazando cartas y evitando cualquier contacto que pueda obligarle a mirar hacia atrás. Incluso la correspondencia certificada parece convertirse en una amenaza.

Pesa sobre él una culpa que iremos conociendo poco a poco. Adriano fue un prestigioso abogado, un profesional situado en la cima de su carrera, pero una imprudencia —cinco segundos de distracción, cinco segundos de parálisis— cambió su vida para siempre. Su negligencia puso en peligro a su hija, una niña que necesitaba una atención especial, y las consecuencias de aquel instante siguen resonando en toda su existencia.

El título de la película condensa precisamente esa idea devastadora: hay vidas que pueden romperse en cinco segundos. Un tiempo mínimo, casi imperceptible, capaz de convertirse después en una eternidad.
En torno a Adriano gravitan otros personajes fundamentales. Guiliana, interpretada por una siempre magnética Valeria Bruni Tedeschi, aparece como una presencia vinculada a ese pasado que el protagonista no consigue sacudirse. Pero el verdadero terremoto llegará cuando, junto a su escondite, se instale un grupo de jóvenes encabezado por Matilde, a quien da vida Galatéa Bellugi.
Y entonces la película cambia de frecuencia.

La llegada de esta pequeña comuna introduce una energía completamente distinta. Donde Adriano representa el silencio, la culpa y el aislamiento, ellos traen ruido, tierra, proyectos colectivos y una filosofía de vida con aroma hippie. Son jóvenes que quieren recuperar una casa abandonada para convertirla en un espacio compartido, autosuficiente y libre. Hay algo de utopía sesentera en su manera de entender la convivencia, pero también una voluntad muy contemporánea de vivir al margen de determinadas reglas del sistema.

Virzì se divierte jugando con las apariencias. Lo que inicialmente parece una panda de okupas oportunistas va revelándose como un grupo mucho más complejo. Son jóvenes preparados, con formación y aspiraciones, que han decidido buscar otro ritmo. Su pequeña comunidad tiene algo de campamento bohemio, de comuna yé-yé y de festival permanente, aunque sin caer necesariamente en la caricatura.
Matilde, además, está embarazada, y Adriano empieza a ver en ella una posibilidad de redención. Cuidarla, protegerla y acompañarla se convierte, para él, en una manera de enfrentarse al fantasma de aquello que no supo hacer en el pasado. La película no plantea una redención fácil ni sentimentalmente prefabricada, pero sí abre la posibilidad de que una persona rota pueda volver a conectar con los demás.
También está la relación con su hijo, deteriorada hasta el extremo y marcada por la distancia. Recuperar ese vínculo se convierte en otra de las grandes necesidades de Adriano: tender un puente hacia una vida que él mismo parece haber abandonado.

‘Cinco segundos’ funciona así como un drama de combustión lenta que acaba encontrando una luz inesperada. Paolo Virzì suaviza las aristas sin borrar el dolor y convierte una historia potencialmente sombría en una película cálida, melancólica y vitalista. Hay culpa, hay tragedia y hay cuentas pendientes, pero también hay emociones y confesiones que todavía pueden sonar. Y cuyo eco, aunque algo prefabricado, y Virzi se maneja en esos menesteres como un tensador destensado logra atraer la atención del espectador. Su cine no es exquisito. Es funcional. Pero funciona.

Porque, al final, quizá la película habla de eso: de comprobar si después de cinco segundos capaces de destruirlo todo todavía queda tiempo suficiente para empezar de nuevo.

Reseña de José Manuel León Meliá

Cinque secondi (2025)
Cinque secondi poster Rating: N/A/10 (N/A votes)
Director: Paolo Virzì
Writer: Francesco Bruni, Carlo Virzì, Paolo Virzì
Stars: Valerio Mastandrea, Galatéa Bellugi, Valeria Bruni Tedeschi
Runtime: N/A
Rated: N/A
Genre: Drama
Released: 30 Oct 2025
Plot: N/A

 

 

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