Lila Cassen (Najwa Nimri) era la cantante española con más éxito de los noventa hasta que desapareció misteriosamente de un día para otro. Diez años después, Lila prepara su triunfal vuelta a los escenarios pero, poco antes de la esperada fecha, pierde la memoria al sufrir un accidente. Violeta (Eva Llorach) vive dominada por su conflictiva hija Marta (Natalia de Molina). Cada noche escapa de su realidad haciendo lo único que la hace feliz: imitar a Lila Cassen en el karaoke donde trabaja. Un día Violeta recibe una fascinante propuesta: enseñar a Lila Cassen a volver a ser Lila Cassen.

Carlos Vermut (‘Magical Girl’) presentó en el Festival de San Sebastián este original drama intimista, cuyo mérito reside fundamentalmente en la riqueza de matices de sus personajes, soportados por unas interpretaciones solventes. Sin embargo, en conjunto, el relato adolece de cierta languidez, lo que unido a un metraje alargado, distancia al espectador del microcosmos que presenta.
Lila Cassen era la cantante española de más éxito en los años noventa, hasta que súbitamente desapareció de los escenarios. Ahora, tras intentar suicidarse, ha quedado sumida en un estado de amnesia, justo cuando su representante le había recomendado que realizara una nueva gira dada la mengua de sus ingresos. Con el fin de volver a ser la que fue contrata a Violeta, quien lleva tiempo imitándola en el karaoke donde trabaja y cuya vida personal está marcada por una hija bipolar.
El guion levanta su andamiaje narrativo partiendo de estas cuatro mujeres cuyos destinos confluyen en una etapa de frustraciones, pesares familiares y desequilibrios sobrevenidos, en quienes las alegrías y sinsabores han ido de la mano. Con estos mimbres no siempre acierta a insuflar el potencial emocional a que se prestan las protagonistas. Prefiere moverse por los terrenos de las insinuaciones psicológicas, intentando provocar el interés del público por los secretos que ocultan.
El director recrea un universo femenino complejo en lo individual y en lo colectivo, en un marco que debería invitar a sentir mayor fascinación de la que consigue realmente, si bien gana intensidad en su tramo final (demasiado tarde).
Con todo, hay que reconocerle al cineasta madrileño sus intenciones de ofrecer propuestas diferentes, que se salen de lo convencional y en esta ocasión, ante las lagunas advertidas, cabe quedarse con sus magníficas actrices. Mención especial merece Eva Llorach, cuyas emociones son las que mejor se proyectan. Su presencia llega a eclipsar a unas notables Nawja Nimri, Carme Elías y Natalia de Molina, esta última asumiendo un rol exigente y desagradable como pocos que resuelve perfectamente.
Aquellos que subieron a los altares la anterior película de este realizador no saldrán completamente defraudados, aunque no atesora las mismas virtudes, pero es difícil recomendarla abiertamente.
Crítica de Eduardo Casanova

Leave No Trace (2018)
Leave No Trace poster Valoración: 7.3/10 (11,554 votes)
Director: Debra Granik
Guión: Debra Granik (screenplay by), Anne Rosellini (screenplay by), Peter Rock (based on the novel "My Abandonment" by)
Actores: Thomasin McKenzie, Ben Foster, Jeffery Rifflard, Derek John Drescher
Duración: 109 min
Calificación: PG
Género: Drama
Estreno: 29 Jun 2018
Sinopsis: A father and his thirteen year-old daughter are living an ideal existence in a vast urban park in Portland, Oregon, when a small mistake derails their lives forever.
Calificación: