El terror psicológico contemporáneo ha encontrado en los traumas personales un terreno especialmente fértil. La producción sueca, ‘Habitación 13’, dirigida por Mattías J. SKoglund, se instala precisamente en ese territorio: el de las heridas emocionales que permanecen abiertas, la violencia enquistada en la memoria y la imposibilidad de escapar de aquello que ya ocurrió. Y también frecuenta como elemento intrínsicamente del fantástico clásico, la posesión del cuerpo por parte de un ente maligno. La película articula su discurso sobre dos pilares fundamentales: las secuelas de los malos tratos y un escenario tan cotidiano como perturbador, una residencia para personas mayores convertida aquí en un espacio casi fantasmal.

SKoglund demuestra desde el comienzo una notable capacidad para generar inquietud. Su secuencia inicial funciona como una verdadera declaración de intenciones. En un plano fijo, acompañado de un leve y progresivo movimiento de cámara hacia delante, observamos una cocina aparentemente normal. Una espuma rebosa lentamente un vaso situado en el fregadero, mientras lo verdaderamente aterrador sucede fuera de campo: gritos, órdenes y una situación de violencia que nunca vemos, pero cuya intensidad resulta suficiente para instalar la angustia desde el primer minuto. El director entiende algo esencial del género: aquello que no se muestra puede ser mucho más inquietante que cualquier imagen explícita.

La historia sigue principalmente a Joel (Philip Oros) y a su madre Mónika (Anki Liden). Joel toma una decisión dolorosa y reconocible para muchas familias: ingresar a su madre en una residencia porque ya no puede hacerse cargo de ella. La reacción de Mónica es inmediata y devastadora por su sencillez: «¿De verdad me vas a dejar aquí?». La pregunta no solo interpela al personaje; también golpea directamente al espectador y abre una reflexión sobre una realidad social cada vez más frecuente.

Pero esta residencia está lejos de parecer un lugar acogedor. Su diseño de producción y sus decorados huyen deliberadamente de cualquier sensación de confort. Los pasillos parecen vacíos de vida y las habitaciones transmiten una turbiedad constante, como si el edificio absorbiera y conservara el dolor de quienes habitan en él. Mónica será instalada precisamente en la habitación número 13, una cifra inevitablemente asociada a malos presagios.

Sin embargo, SKoglund evita convertir el número en un simple recurso de superstición. El verdadero mal no reside en la habitación concreta, sino en quienes llegan a ella cargando con una historia de sufrimiento. La película sugiere que el horror nace menos de fuerzas sobrenaturales que de las consecuencias psicológicas de la violencia padecida

Joel y Mónica viven asediados por recuerdos fragmentados y apariciones casi pesadillescas. Él, mientras vacía la casa familiar, sufre repentinos flashes relacionados con la figura paterna, insinuada como origen de una violencia feroz. Ella experimenta episodios similares dentro de la residencia, además de mostrar su rechazo al lugar mediante conductas autodestructivas.
En medio de esa oscuridad aparece Nona (Gizem Erdogan), una trabajadora veterana del centro que aporta cierto equilibrio emocional a la narración. Su presencia sirve para suavizar, aunque solo parcialmente, la ansiedad creciente que domina la película.

Más allá de algunos sobresaltos puntuales, ‘Habitación 13’ no busca el terror convencional ni el impacto inmediato. Su fuerza reside en la acumulación progresiva de malestar, en una atmósfera pesada que parece contaminarlo todo. La fotografía, dominada por tonos oscuros y apagados, refuerza esa sensación de deterioro emocional, mientras la banda sonora acompaña eficazmente la paranoia y el estado mental quebrado de los personajes.

La resolución de la historia, especialmente a través del destino final de Mónika, termina revelando una idea profundamente amarga: el dolor no pertenece únicamente a una persona, sino que puede repetirse y transmitirse de manera casi silenciosa. Las marcas del sufrimiento permanecen incluso cuando quienes las originaron ya no están.

‘Habitación 13’ es una película irregular en algunos momentos, pero notablemente eficaz en su capacidad para generar incomodidad y sostener una atmósfera opresiva. Mattías J. Skoglund construye una obra que encuentra su verdadero terror no en monstruos o espectros, sino en las cicatrices invisibles que deja la violencia y en la imposibilidad de cerrar determinadas habitaciones de la memoria.

Reseña de José Manuel León Meliá

 

 

 

 

The Home (2025)
The Home poster Rating: N/A/10 (N/A votes)
Director: Mattias Johansson Skoglund
Writer: Mattias Johansson Skoglund, Mats Strandberg
Stars: Gizem Erdogan, Anki Lidén, Lily Wahlsteen
Runtime: 87 min
Rated: N/A
Genre: Horror
Released: N/A
Plot: The worst is yet to come, despite Joel's belief that his troubles are finished after getting his mother in a care facility for dementia. It goes deeply into issues of love, friendship, and the fear that everyone has of losing them...
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