La cineasta francesa Rem Kherici vuelve a transitar terrenos que ya habían aparecido en trabajos anteriores de su filmografía: la llamada guerra de sexos, las complejidades sentimentales y las dinámicas de pareja observadas desde una óptica ligera, amable y con cierta voluntad de desmontar prejuicios.

Su nueva película, El placer es mío, recientemente estrenada en España, vuelve a situarse dentro de ese territorio reconocible, aunque lo hace mediante una propuesta desenfadada inspirada en hechos reales y con una mirada más afectuosa que provocadora.

De hecho, la propia película deja constancia de esa inspiración en su desenlace, cuando durante los títulos de crédito aparecen las fotografías de las personas reales cuya experiencia dio origen a este relato. Un pequeño gesto que termina de otorgar humanidad y cercanía a una historia que, bajo su aparente ligereza, esconde una reflexión sencilla sobre la intimidad en las relaciones largas y las necesidades que permanecen ocultas incluso tras décadas de convivencia.

La pareja protagonista está formada por Fanny y Tom, un matrimonio consolidado que lleva cerca de veinte años de vida compartida. No hay grandes grietas sentimentales ni crisis visibles. Tampoco hay reproches enquistados o señales de agotamiento afectivo. Son simplemente una pareja estable que sigue funcionando. Fanny está interpretada por una estupenda Alexandra Lamy, que aporta naturalidad y sensibilidad a un personaje que oscila entre la resignación y la necesidad de sincerarse consigo misma. Frente a ella aparece François Cluzet, actor que domina con un dominio de veterano todos los registros como el del hombre aparentemente derrotado pero incapaz de perder del todo el entusiasmo. Cluzet continúa manejando con enorme soltura esa mezcla entre desconcierto, simpatía y optimismo casi infantil que tantas veces ha convertido en marca de la casa.

El detonante de la trama surge cuando Fanny, durante una consulta con una terapeuta sexual —interpretada curiosamente por la propia Rem Kherici—, realiza una confesión inesperada: nunca ha tenido un orgasmo. Una afirmación que, después de toda una vida sentimental y sexual, adquiere dimensiones tan íntimas como desconcertantes. A partir de ahí, la película encuentra su motor narrativo y cómico.

Cuando Fanny comparte la situación con su marido, y bajo el pretexto de experimentar con diversos juegos eróticos, Tom transforma el problema en un desafío casi científico. Ingeniero de profesión y desempleado desde hace tiempo, decide volcar toda su energía en la creación de un prototipo capaz de resolver esa carencia y devolver a su esposa aquello que considera una deuda pendiente de la vida en común.

A partir de esta premisa, El placer es mío despliega una sucesión de situaciones simpáticas y pequeños episodios humorísticos que nunca buscan la carcajada desbordada ni la irreverencia gratuita. Tom se apoya en un amigo al que convierte en improvisado confesor de sus experimentos, mientras Fanny encuentra refugio tanto en su terapeuta como en una hermana que representa su perfecto reverso: una mujer desinhibida, impulsiva y sexualmente arrolladora que incluso llega a sugerirle la posibilidad de buscar un amante.

En paralelo, la película introduce un conflicto económico que añade cierta tensión a la historia. La hija de la pareja, convertida en agente inmobiliaria, intenta vender la casa familiar debido a los problemas financieros derivados del desempleo de Tom. Este elemento, más allá de su función argumental, permite incorporar un contraste generacional bastante atractivo: mientras los padres se lanzan a una aventura emocional y sexual inesperadamente libre, la hija observa todo aquello con una mezcla de incomodidad y desconcierto. Curiosamente, quienes parecen más modernos son precisamente los adultos.

La película funciona mejor cuando abandona cualquier intención de profundizar y acepta su condición de comedia ligera. Porque no pretende formular grandes discursos sobre el deseo ni elaborar complejas teorías sobre la sexualidad contemporánea. Más bien propone una reivindicación amable: la necesidad de hablar, de escuchar y de admitir que incluso después de veinte años de matrimonio siguen existiendo territorios desconocidos.

Rem Kherici evita convertir el asunto en una tesis militante y prefiere apostar por un tono accesible, cálido y desenfadado. Los franceses continúan demostrando una habilidad especial para abordar asuntos delicados sin solemnidad excesiva y con una elegancia narrativa que convierte temas potencialmente incómodos en historias cercanas y entretenidas.

El placer es mío es, en definitiva, una película veraniega, ligera y agradable, una de esas comedias que no aspiran a cambiar la historia del cine ni a formular grandes verdades, pero que consiguen algo quizá más difícil: resultar simpáticas y hacer que el espectador salga de la sala con una sonrisa y cierta sensación de complicidad.

Reseña de Jo´se Mnauel León Meliá

 

 

 

Pour le plaisir (2026)
Pour le plaisir poster Rating: N/A/10 (N/A votes)
Director: Reem Kherici
Writer: N/A
Stars: François Cluzet, Alexandra Lamy, Camille Aumont Carnel
Runtime: N/A
Rated: N/A
Genre: Comedy
Released: 06 May 2026
Plot: N/A