
Debo reconocerlo y siempre que he podido lo he desvelado que me chiflan y me atraen los relatos tramados alrededor de la preparación y ejecución de un robo o un atraco. Confieso que he visto ‘Le cerveau’ (1969), aquí conocida como ‘El cerebro’ con una mezcla de curiosidad y nostalgia. No era una película cualquiera dentro de la filmografía de Gérard Oury: para mí, venía precedida por el recuerdo luminoso y satisfactorio de dos grandes títulos de su filmografía que, siendo adolescente, me hicieron reír sin reservas, casi con esa felicidad despreocupada que solo se tiene a cierta edad. A saber, ‘La gran juerga’ (1966), para mí su obra maestra, y ‘Las locas aventuras de Rabbi Jacob’ (1973), que se mantuvo en la cartelera valenciana de la época una eternidad y un día. Aquellas películas tenían algo eléctrico, una comicidad que no pedía permiso. Quizá por eso ahora, tantos años después, he sentido la llamada y la necesidad de volver a ese universo, al de su realizador, el juguetón Gérard Oury a través de ‘El cerebro’, un disparate y una locura muy entretenida.
Y lo cierto es que la película responde bastante bien a lo que uno espera de Oury: una comedia desatada, algo caótica, con ese gusto por el enredo que roza lo vodevilesco. Desde los títulos de crédito —imaginativos, casi juguetones— acompañados por la música de Georges Delerue, otro gran aliciente de la pieza, uno ya percibe que esto no va a ser un thriller al uso, sino más bien una farsa descacharrante sobre los grandes golpes criminales. Porque la película pretende ser una pantomima graciosa del famoso y célebre asalto y robo al tren correo de Glasgow. Una de las proezas delictivas más brillantes perpetrada por un astuto genio que puso tierra de por medio cuando la policía le acechaba.
El arranque en ese Londres teñido de ambiente hippie, con la policía reconstruyendo por televisión el famoso atraco del tren de Glasgow, tiene un aire casi paródico desde el principio. Y ahí aparece David Niven, impecable como siempre, interpretando a ese coronel de la OTAN que se reconoce —con una mezcla de orgullo felmático y cinismo— en la figura del “cerebro”. Su desplazamiento a París para organizar un nuevo golpe marca el eje de la historia, pero la película pronto se inclina hacia donde realmente quiere estar: en el terreno de la comedia de pillos.
Ahí entran en juego Jean-Paul Belmondo y Bourvil, formando una pareja que funciona por contraste y complicidad. La escena de la fuga, con ambos cavando túneles que acaban encontrándose en un punto intermedio, resume muy bien el tono del film: absurdo, físico, casi infantil en el mejor sentido. Son dos buscavidas, más cercanos al slapstick que al cine de atracos sofisticados, y sin embargo terminan metidos en una trama mayor que ellos, como si la película jugara a mezclar dos escalas narrativas distintas.
También está Eli Wallach, aportando ese toque de gangster exagerado, casi caricaturesco, y Silvia Monti, cuya presencia introduce el componente más ligero y seductor, aunque su papel no pase de ser funcional dentro del conjunto.
Lo que más me llamó la atención —quizá porque ahora la miro desde otra edad— es cómo la película se sostiene más en su tono que en su trama. El robo en sí, con ese tren que transporta fondos de la OTAN entre París y Bruselas, es casi una excusa. Lo importante es el juego de anticipaciones, equívocos y encuentros en el tramo final, donde todos los personajes convergen en un caos perfectamente orquestado: los ladrones improvisados, el “cerebro” profesional, el gangster y, por supuesto, la policía.
No es una película brillante ni pretende serlo. No tiene la contundencia cómica de ‘La gran juerga’ ni el ritmo endiablado de ‘Rabbi Jacob’, aunque aquí estaba maniatada por la efusiva y desenvuelta manera de interpretar de Louis de Funes. Pero sí conserva ese espíritu travieso, esa manera de tomarse el género del atraco como un juguete que desmontar y volver a armar en clave de parodia.
Al final, ‘El cerebro’ me deja una sensación esperada y lúdica. La risa y el cachondeo están, se palpa y se disfruta. Belmondo y Bourvil funcionan y los quieres. Amo a los mindundis que quieren llegar lejos adelantándose a gente más capacitada y organizada para la criminalidad. Su visión ha sido como reencontrarse con un viejo conocido que ya no sorprende como antes, pero al que uno sigue teniendo cariño. Una película simpática, ligera, hecha para entretener sin pretensiones, y que confirma que Oury se movía con absoluta soltura en ese territorio de la comedia frenética donde llega a introducir a una pantera que me lleva al dominio de ‘La fiera de mi niña’, de Howard Hawks. Un título absurdo y tontorrón donde todo, incluso el crimen perfecto, puede convertirse en un juego.
Reseña de José Manuel León Meliá

| The Brain (1969) | |
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Rating: 6.8/10 (4,623 votes) Director: Gérard Oury Writer: Gérard Oury, Marcel Jullian, Danièle Thompson Stars: Jean-Paul Belmondo, Bourvil, David Niven Runtime: 115 min Rated: G Genre: Adventure, Comedy, Crime Released: 13 Nov 1969 |
| Plot: When NATO transfers some of its funds from Paris to Brussels by train, a criminal mastermind posing as a British colonel plans to steal it but two petty French thieves also have the same intent. | |







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