
Recuerdo perfectamente, como muchos cinéfilos, la sequedad flagelante y el minimalismo a ultranza en la interpretación del actor François Leterrier en la sobria y adusta película, ‘Un condenado se ha escapado’ (1956), del maestro francés, Robert Bresson. Una joya de la cinematografía mundial que todavía hoy sigue destellando por su rigor formal y deslumbrante estética desposeída de cualquier ornamento innecesario. Con el correr del tiempo, Leterrier se pasó al otro lado de la cámara. Se convirtió en director y entre su filmografía hay un título alimenticio, ‘Emmanuelle 3: Adiós Emmanuelle’ (1977). Pero el motivo de citar a este intérprete/director/guionista está vinculado a una gran pieza fílmica que acabo de ver y que me ha gustado bastante. Sobre todo por su fuerza dramática, por construir un melodrama desesperanzador y reseñar una historia de amor bordada como un triángulo donde la decadencia de un ser asume su decrepitud para dar paso a una persona joven y bellamente pura. La película se titula, ‘Les mauvais coups’ (1961), dirigida por François Leterrier, quien se encarga de la adaptación y del guion junto a Roger Vailland, autor de la novela que inspira la obra.
El largometraje ha sido restaurado recientemente, en 2025, y el acabado visual, con un blanco y negro descorazonador, es sublime e impecable. Una fotografía dura, correosa, que resalta la desazón de unos personajes a la deriva sobre un ambiente triste y un clima frío. El barro y una orografía rústica, le proporciona un tono desangelado y rugoso, muy apropiado para el tipo de historia que nos ofrece el filme.
Es una película grave, de asuntos importantes en la vida, como el desamor, las crisis de pareja y el desgaste que produce el tiempo y la desidia. Aspectos profundamente honestos y tratados con verismo, tanto en emociones como en situaciones que te aproximas a ‘Les Mauvais Coups’ no como quien disecciona una obra desde la distancia, sino como quien se deja arrastrar por su atmósfera y sales de ella con barro en los zapatos. Y esa es, precisamente, la mejor puerta de entrada a una película dirigida con seguridad y firmeza que nunca pretende ser complaciente.
Me encanta su comienzo y el tono elegido por Leterrier para expresar visualmente el desasosiego. Desde el primer movimiento de cámara, esa panorámica inicial, sostenida por un piano casi enfermo, no solo abre la película, sino que te engancha. Todo lo que vendrá después parece ya contaminado por esa neblina moral y emocional que queda captada desde los primeros compases, que son agónicos. No es solo una cuestión estética —ese blanco y negro turbio, pantanoso—, sino una declaración de intenciones: aquí no hay redención, solo deriva.
El triángulo que forman Milán (Reginald Kerman), Roberta (Simone Signoret) y la joven maestra, Hélene Morel (interpretada por Alexandra Stewart), recién llegada a un pueblo en medio de la nada, no es tanto un juego de tensiones eróticas como un campo de fuerzas donde cada personaje revela su propia insuficiencia. Milán, con su pasado de corredor de bólidos, de velocidad y gloria es en realidad un hombre impasible, incapaz de sostener nada que no sea efímero. Roberta es quizás la figura más compleja, atormentada y el corazón trágico del relato: ama, pero ama mal, desde la renuncia y la autodestrucción. Hay una escena en el casino Du Lac, en la que hace una breve aparición José Luis de Villalonga, gracias a su porte altivo y donjuanesco, se ejecuta la clave de la película: Roberta juega a la ruleta y gana para perder, poseer para dejar escapar.
Roberta siente que ya no es querida ni deseada y muy astutamente prepara a la joven Hèlene, que ha llegado virgen, para ser cazada por su marido. No hay ahí solo celos o sacrificio, sino algo más inquietante: una interiorización brutal de su propio fracaso. Roberta no lucha contra la pérdida; la organiza. Es como si entendiera que el deseo de Milán necesita un objeto nuevo y decidiera, en un gesto devastador, fabricarlo ella misma.
En cuanto a la maestra, una sensual y bellísima Alexandra Stewart, su conflicto —esa mezcla de deseo, inseguridad y voluntad de independencia— introduce una dimensión casi cruel: la del aprendizaje emocional. No se trata solo de “perder la inocencia”, sino de entrar en un mundo donde el deseo está siempre contaminado por intereses, expectativas y derrotas previas. Su desenlace, resignado, es quizás el más silenciosamente trágico.
También es muy valioso la descripción del entorno rural. Ese pueblo pequeño, moralista, casi asfixiante, no es un simple decorado: es una maquinaria de presión. El barro, la niebla, las miradas… todo contribuye a esa sensación de que los personajes no solo están atrapados entre ellos, sino dentro de un ecosistema que penaliza cualquier desviación.
En el fondo, ‘Les Mauvais Coups’, es una película sobre el fracaso, pero no un fracaso grandilocuente, sino íntimo, cotidiano, casi banal. Y ahí está su fuerza. No hay grandes explosiones dramáticas; hay pequeñas renuncias que, acumuladas, terminan por devastarlo todo.
perdiendo… pero ya demasiado tarde para cambiar el rumbo. Y esa conciencia —esa claridad inútil— es lo que deja el poso más amargo.
Espléndida película, tan pegada a lo sensorial y a lo emocional, le hace justicia a un título que desconocía por completa y que se siente más de lo que se explica. Y eso no es poco. Me ha gustado bastante y he disfrutado de una copia sensacional, cuya calidad de escalado de imagen, deja adivinar la textura expresiva pero también personajes adheridos a un terreno que les hace vulnerables. Roberta se retiró a la granja por amor. Milán se escondió en un lugar decrépito para exorcizar la muerte de un amigo/compañero de fatigas en las carreras. y Hèlene, joven, guapa, hace una parada y fonda con la vocación de ser maestra itinerante y sorprendida por un matrimonio en crisis.
Reseña de José Manuel León Meliá

| Naked Autumn (1961) | |
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Rating: 6.6/10 (119 votes) Director: François Leterrier Writer: Roger Vailland, François Leterrier Stars: Simone Signoret, Reginald Kernan, Marcelle Ranson-Hervé Runtime: 98 min Rated: N/A Genre: Drama Released: 17 May 1961 |
| Plot: Milan is an ex-Formula One driver who now lives with his wife Roberte in a small country town. But he isn't satisfied, so Roberte encourages an affair between him and a young woman named Helene. Milan can't decide and at last the ... | |





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