En un hospital psiquiátrico abandonado, un grupo de teatro vanguardista experimenta con el insomnio para la preparación del montaje de una obra creada veinte años atrás por un grupo de pacientes. Con el paso de días sin dormir, alcanzan nuevos umbrales de percepción, que los enfrentan a energías e historias ocultas del lugar. Cuando Bianca, una joven promesa del teatro, se incorpora al elenco, en competencia por el papel principal, debe sobrevivir no solo a la intensidad del trabajo y sus compañeros, sino a una fuerza desconocida que la empuja, como a los demás, al trágico desenlace de la puesta en escena original.

Coproducción entre España, Argentina y Uruguay con el modelo típico de las películas de sustos norteamericanas. Ningún lugar mejor que un hospital psiquiátrico abandonado en un lugar remoto para realizar unos experimentos con un grupo de chavales, forzandolos a que no duerman para que empiecen a tener alucinaciones.

Bianca (Eva de Dominici) le proponen formar parte del grupo de teatro de Alma (Belén Rueda), al que también asiste una de sus compañeras (Natalia de Molina) que interpreta a Cecilia con un acento argentino-Uruguayo muy conseguido. Pero la forma misteriosa de actuar de los demás asistentes y los sucesos extraños que empiezan a ocurrir presagian lo peor.

Gustavo Hernández el director de “La casa muda” que tuvo cierto éxito e incluso un remake americano titulado “Silent House” es el realizador de la cinta, de la cual queda claro que domina muy bien la ambientacion, fotografia y puesta en escena, pero un guión pésimo cargado de sustos innecesarios y un ritmo torpe acaban con una película muy aburrida que gusto a muy poca gente en el pase que dieron en el Festival de Málaga.

Un director más convincente hubiese llegado a la altura del suspense que requieren este tipo de películas, eliminando historias secundarias nada interesantes y centrandose mas en la malvada Belén Rueda y la relación con sus alumnos.

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