El nuevo trabajo del director germano Florian Henckel von Donnersmarck (La vida de los otros) llega a la cartelera con la garantía de haber sido nominada a los Oscars a mejor película de habla no inglesa y a mejor fotografía y con el hándicap de sus 188 minutos de duración. Prescindiendo de ello, deja sensaciones encontradas debido a su irregularidad: durante buena parte del metraje la historia funciona y va creciendo en expectativas; sin embargo en la hora final la narración se ralentiza, además de atisbarse cierta pretenciosidad.

Siendo niño, Kurt Barnert sufre de manera colateral los métodos represivos del régimen nazi y también la tragedia de la guerra, que se cebó en su ciudad natal, Dresde. Años más tarde se convierte en un prometedor estudiante de pintura en la Alemania comunista. En esa etapa conoce a Ellie, de quien se enamora pese a la oposición de su padre, un prestigioso médico con un pasado oscuro que, sin saberlo, tiene mucho que ver con él.

El film destapa paulatinamente los pilares fundamentales del argumento y en esos compases evidencia la eficacia de un guion que sabe manejar la intriga, espoleando el interés a cada paso. La sucesión de situaciones dramáticas, los detalles truculentos y la sombra del mal que planea sobre los acontecimientos captan absolutamente la atención. Se percibe igualmente una meritoria tarea en la caracterización de los personajes: perfilados con virtuosos, ingenuos o malsanos matices, constituyen piezas esenciales de la trama.

Estos elementos cobran especial relevancia cuando articula un discurso acerca de los regímenes totalitarios y la tergiversación del significado de las obras de arte con la intención de adoctrinar a sus destinatarios. La manipulación de la cultura en beneficio propio se escenifica de forma rotunda a través del protagonista. Ahora bien, el relato se contagia tanto del deseo del joven artista de romper con todo que termina estirando el tránsito por la parcela opuesta, la de la libertad de expresión, y se transforma en una especie de curso acelerado de los movimientos vanguardistas europeos en los 60. No descuida totalmente las circunstancias que le preceden, pero parecen pasar a ocupar un plano secundario, y opta por un cierre muy emotivo, aunque se antoja incompleto.

Los méritos técnicos son indiscutibles y a unas espléndidas imágenes que se benefician de la labor del diseño de producción, se suma la hermosa banda sonora de hechuras clásicas compuesta por un inspirado Max Richter (María, reina de Escocia).

Tom Schilling (Napola, La dama de oro) cumple con su notable interpretación; no obstante, Sebastian Koch gana la partida y traspasa la pantalla con su imponente presencia y los rasgos maquiavélicos que asume. A ellos se une la destacada participación de una prometedora Saskia Rosendahl.

Critica de Eduardo Casanova

 

Never Look Away (2018)
Never Look Away poster Valoración: 7.6/10 (2,215 votes)
Director: Florian Henckel von Donnersmarck
Guión: Florian Henckel von Donnersmarck
Actores: Tom Schilling, Sebastian Koch, Paula Beer, Saskia Rosendahl
Duración: 188 min
Calificación: R
Género: Drama, History, Thriller
Estreno: 03 Oct 2018
Sinopsis: German artist Kurt Barnert has escaped East Germany and now lives in West Germany, but is tormented by his childhood under the Nazis and the GDR-regime.

 

 

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