Volvemos a hablar de divulgación en Destino Arrakis. En esta ocasión no os traigo un libro, sino un cómic, un medio muy interesante para hacer divulgación científica. En los últimos años han aparecido un buen número de tebeos encuadrados en este “género”, por así llamarlo, como el que os traigo hoy: Cosmicómic: El descubrimiento del Big Bang.

Cosmicómic: El descubrimiento del Big Bang

Escrito en 2013 por el astrofísico Amedeo Balbi al guión y Rossano Piccioni en el dibujo, Cosmicómic está publicado por Ediciones Salamandra en España. Los autores nos cuentan la historia de uno de los grandes descubrimientos de la astronomía durante el siglo XX: la primera observación del fondo cósmico de microondas (CMB, por sus siglas en inglés, Cosmic Microwave Background) por Arno Penzias y Robert Wilson en 1964.

Antes de meterme en harina con el cómic, dejadme explicaros brevemente qué es esto del CMB y por qué es tan importante. Si uno dispone de un radiotelescopio (esencialmente una antena lo suficientemente sensible para hacer observaciones astronómicas) capaz de funcionar en el rango de las microondas (ondas de radio con una longitud de onda entorno al centímetro… sí, esas que usan los aparatos que tenemos en la cocina para calentar la leche y las sobras del día anterior) y se dedica a observar el cielo, a parte de detectar estrellas, pulsares, nebulosas, radiogalaxias, cuasares y muchos otros tipos de astros que emiten ondas de radio, encontraremos que, apuntemos a donde apuntemos nuestra antena siempre encontraremos una débil señal muy homogénea, un fondo de microondas en definitiva. Y dado que esta señal no parece venir de una dirección concreta, sino que permea todo el Universo, rodeándonos completamente, pues lo llamamos fondo cósmico. De ahí el nombre, fondo cósmico de microondas (ya veis que los astrónomos no nos comemos mucho la cabeza a la hora de nombrar cosas).

Mapa del cielo y CMB según Planck

Arriba: Mapa del cielo en microondas, según el telescopio espacial Planck. La franja brillante en el centro de la imagen es la emisión de nuestra galaxia, lo que originalmente querían observar Penzias y Wilson.
Abajo: fondo cósmico de microondas medido por Planck. Las manchas en color muestran las diferencias en temperatura de este fondo (rojo, más caliente, azul, más frío). El CMB es extremadamente homogéneo, así que estas diferencias en temperatura son minúsculas, de una parte entre 10.000.

Estupendo, pero ¿de dónde viene este fondo cósmico?, ¿qué pasó en el Universo para que exista una cosa así? Pues bien, el CMB no es ni más ni menos que los restos del Big Bang, la prueba definitiva de que el Universo en su origen pasó por una fase extremadamente densa y caliente. La radiación emitida en esas etapas se fue enfriando debido a la expansión del Universo y ahora la detectamos como un débil fondo en el rango de las microondas. Y esto es lo que observaron Penzias y Wilson, prácticamente de casualidad, y que les sirvió para ganar el premio Nobel de física en 1978.

Cosmicómic nos cuenta en viñetas el laborioso trabajo de estos dos astrónomos que, trabajando en los laboratorios Bell, encontraron una señal extraña en la antena con la que estaban trabajando. Y no pararon hasta descubrir su origen (con la ayuda imprescindible de Robert Dicke, Jim Peebles y Dave Wilkinson, aunque ninguno de estos tres ganó el Nobel. No solo en los Oscars se cometen injusticias). Además, a lo largo de la narración se van intercalando otros descubrimientos históricos en el campo de la cosmología, necesarios para desarrollar la teoría del Big Bang: la teoría de la relatividad de Einstein y los modelos cosmológicos descubiertos por Lemaître y Friedman; el descubrimiento de la expansión del Universo por Hubble (y su ayudante Humason); o los trabajos de Alpher y Gamow sobre la nucleosíntesis primordial (los primeros que predijeron la existencia de un fondo cósmico de microondas), entre otros.

Antena cuerno


La “horn antenna” con la que Penzias y Wilson descubrieron el CMB. Aún se conserva en los laboratorios Bell.

He de confesar que el descubrimiento del CMB no es una historia demasiado apasionante (más allá del tremendo valor científico que tiene), así que no esperéis una montaña rusa de emociones y aventuras. Pero el cómic cumple perfectamente su objetivo, que es presentar al lector las ideas más importantes de la cosmología, de una forma amena y sencilla (cualquiera puede acercarse a esta obra sin temor, no se necesita ningún conocimiento previo para disfrutarla), aunque rigurosa.1 Además transmite estupendamente el espíritu del método científico y la dedicación necesaria para lograr grandes descubrimientos. En cuanto al dibujo, Piccioni hace un trabajo funcional, sin más. Sin florituras ni grandes alardes, la narración fluye correctamente sin interponerse en la historia, siempre al servicio de las explicaciones de Balbi, como tiene que ser en un tebeo de estas características. Cabe destacar el trabajo de documentación para que tanto los científicos que aparecen como las distintas épocas en que se desarrolla el relato sean perfectamente reconocibles. El cómic se completa con una galería de biografías breves de los protagonistas de la historia y un epílogo en el que Balbi nos cuenta los avances más recientes en cosmología.

Responder de forma veraz a la pregunta “¿Cuál es el origen del Universo?” es algo que la humanidad solo ha podido hacer desde el siglo pasado. Cosmicómic es un buen comienzo para aquellos que quieran adentrarse en uno de los campos más fascinantes de la ciencia y empezar a descubrir la respuesta a esa pregunta. Una obra recomendable, sin duda.

Bob y yo llevabamos meses intentando eliminar lo que parecía un ruido en nuestra antena. A unas decenas de kilometros […] sabían que no era en realidad ruido. Era una señal.
Arno Penzias en Cosmicómic.


Notas

  1. Sólo he encontrado un error destacable, probablemente una errata. En un momento se dice que el CMB tiene una antigüedad de 400.000 millones de años. En realidad “sólo” tiene unos 13.700 millones de años, prácticamente la edad del Universo.