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Me comentó en la entrada de Facebook de la reseña El Aprendiz de Guerrero el amigo Javier Martínez, recomendando en su comentario la Saga de Chanur de C.J. Cherry. No os hablo de ella, pero en mi inconsciente éste Al Oeste del Edén está relacionado. Si la saga de Chanur trata de un humano inmerso en una raza “gatuna” interestelar (vale, vale… igual algún día hablo de ella) en éste libro tenemos algo igual, pero distinto.

oesteden03El punto de partida inicial de éste libro es que nunca ha ocurrido la extinción de los dinosaurios. Por lo tanto ellos han seguido evolucionando, reducido de tamaño, incluso morfológicamente tienen alguna similtud con el físico humano y todo… Hoy en día puede que alguien le diera por considerarlo una ucronía ciencia-ficcionera, aunque el término en sí sea un poco redundante, pero cuando lo leí a principios de los noventa éstas modas clasificatorias exhaustivas todavía no se llevaban.

La cosa es que tenemos a las Yilanè, una raza reptiliana matriarcal. En su sociedad los machos sirven para poco más que la procreación. Suelen ser poetas y morir relativamente jóvenes. En cambio las hembras son las guerreras, científicas, investigadoras, exploradoras y demás. A pesar de que las Yilanè están en la cúspide evolutiva del planeta, el tema de un cambio climático les va a forzar a emigrar desde su asentamiento en la zona europea y africana. Así que cual Cristobal Colón reptiliano, deciden cruzar el charco para buscar un nuevo asentamiento. Hacia el Oeste de su Edén.

Al llegar al nuevo continente van a descubrir una nueva raza. Unos mamíferos que caminan erguidos y utilizan primitivas armas de piedra. Y, por encima de todo, les tienen una tirria increíble a cualquier ser de sangre fría. Uno de éstos seres (vaaaale, los llamaremos humanos) es capturado. Y a través de los ojos de éste esclavo aprenderemos cosas de la sociedad Yilanè, conoceremos su cultura y tecnología.

oesteden04No me negaréis que semejante planteamiento llama muchísimo la atención. El tema se alarga hasta la trilogía (Invierno en Edén y Regreso a Edén) y las devoré como pipas. Y a día de hoy en su relectura la verdad es que no le pesan los años. Aparte de contarnos la típica historia del esclavo que se sumerge en la cultura de sus captores y termina liderando la rebelión contra ellos, Harrison nos deja una perlita que me gustó muchísimo en su día: la biotecnología Yilanè.

Prácticamente todos los útiles que gastan las Yilanè están vivos. Un catalejo se cría a partir de un ser con la vista desarrollada, los transportes son grandes seres que les engullen y después regurgitan cuando llegan a destino (bueno, no es tan gráfico, pero casi), un rifle es un animal que escupe dardos a distancia, etc. Además, tenemos unos cuantos términos propios de las Yilanè que se nos recopilan en un glosario al final del volumen. ¡¡BATALLITA DE ABUELO CEBOLLETA!! Cuando me leí el libro me copié éste glosario en un folio. Este folio plegado en cuatro se convirtió en mi punto de lectura en los tres volúmenes.

No sé cuál es vuestro baremo para calificar un libro. Normalmente el mío se basa en aquellos a quienes se los he prestado y al devolverlo opinaban bien de él. Y nunca nadie se quejó de ésta trilogía. ¡¡Y además tiene dibujitos molones!!

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Desconozco la disponibilidad física de éstos libros. Pero cuando tiré del buscador para poner la imagen de la portada los tres aparecían en formato digital, aunque de dudosa legalidad.