13diasHay un factor curioso que es bastante difícil de tener en cuenta cuando me recomiendan una lectura: la conectividad. Me explico. Puedes recomendarme un libro hasta la saciedad, que además sea un éxito sin precedentes de ventas y que le guste a todo el mundo. Pero como YO no conecte con él, poco conseguirás. Por poner un par de ejemplos, he comenzado tres o cuatro veces Canción de Hielo y Fuego de Martin y La Primera Ley de Abercrombie, en distintas épocas del año y circuntancias, pero en todas las ocasiones la conexión ha sido nula. El aburrimiento ha podido sobre el interés y he desistido de su lectura. Podemos culpar al autor o al traductor, pero el resultado ha sido ése. En cambio éste 13 días de Valentina Giambanco me ha durado mucho menos que los días del título. Enganchado desde la página dos.

Procedamos con el copia-pega de la sipnosis de rigor:

Un cielo tan azul que duele mirarlo. Árboles centenarios de más de treinta metros de altura. El niño corre descalzo. Se detiene en un pequeño claro, jadeando, y escucha. Tiene once, puede que doce años, y los ojos desorbitados. Sus vaqueros muestran desgarros, la camiseta gris está empapada en sudor y las mangas se pegan a sus escuálidos brazos. Los cortes en la tela dejan ver su piel, y la sangre le cubre los brazos. Se aparta un mechón de pelo de los ojos y vomita lo poco que le queda en el estómago. Se apoya en un árbol y luego cae. Arrastrado por la gravedad, su cuerpo pierde el equilibrio y se abre paso entre las hojas caídas. La tierra cruje y se mueve bajo sus pies.

Seattle. Han pasado veinticinco años desde que tres niños fueron raptados en el bosque; sólo dos volvieron con vida, el cuerpo del tercero nunca se recuperó y su muerte y el misterio de lo que ocurrió aquel día han marcado las vidas de todos los implicados.
Dos semanas antes de Navidad una familia aparece asesinada en su casa. Todas las pruebas apuntan a un hombre temido a ambos lados de la ley: John Cameron. Él fue uno de los niños que sobrevivió al secuestro; el otro era el padre de la familia muerta.
El asesino ha dejado un mensaje grabado en el marco de una puerta: TRECE DÍAS. Es el tiempo que concede a la detective de homicidios Alice Madison para que comprenda su propósito y cumpla el papel que le tiene destinado. Ahora ella, para atrapar al psicópata que está detrás de estas muertes, debe traicionar a sus compañeros y hacer un pacto con el diablo.A los trece días, la línea entre el bien y el mal se desdibuja en la lucha por alcanzar la justicia.

La verdad es que en principio me acercaba con dudillas al libro, porque siempre se tiene el prejuicio de que cuando una mujer escribe sobre una protagonista femenina (sea en el género literario que sea) vas a terminar encontrándote con alguien más lista, preparada, afotunada y superior al resto del reparto. Grabado a fuego tengo ésa Ayla del Clan del Oso Cavernario y sus secuelas, sin la cual indudablemente la humanidad no habría podido evolucionar. En cambio la detective Alice Madison de Giambanco me ha caído en gracia desde el principio, viendo cómo avanza más con casualidades y circunstancias que por su superioridad sobre los demás. Esta fue mi primera sorpresa.

La segunda sorpresa que me llevé es que no nos encontramos ante la típica novela de quién lo hizo, sino que se trata más bien del por qué. Cuando a menos de un tercio del libro la autora te revela tranquilamente nombre, apellidos y descripción del asesino, te quedas a cuadros. Y la verdad es que es algo que me ha agradado mucho. Normalmente las que tratan sobre descubrir al culpable o son demasiado evidentes por lo limitado del reparto, o terminan con un deux ex machina sacado de la manga que no termina de convencer.

Otro punto a favor es que consigue que todas las piezas que te va soltando a lo largo de la historia, tanto las transcurridas en la actualidad como los acontecimientos que te cuenta del pasado, quedan perfectamente ensambladas formando un todo que no deja cabos sueltos y consigue que al finalizar el libro tengas totalmente clara la línea de desarrollo de los sucesos. Puede parecer una tontería, pero por ejemplo en algunos libros cuando se incluyen interludios mostrando al “malo” en plan enigmático lo que consiguen es más irritarme y sacarme de la historia que el que integre el pasaje en la misma. ¿Un ejemplo? Pues John Verdon y sus libros de Dave Gurney.

Y, aunque debo reconocer que en algunos momentos he logrado ir un paso o dos por delante de la historia, también es cierto que algunos giros y parte del final me han pillado totalmente desprevenido y me han sorprendido gratamente.

Resumiendo: bien escrito, absorbente, sorprendente y que deja buen sabor de boca. ¿Qué más podemos pedir? ¿Una secuela? Pues la hay, pero antes de llegar a ella meteremos algunos libros por el medio, para que dure…